Tareas de otoño en el huerto

El inicio del otoño es un momento de sosiego tras el ajetreo productivo de los meses de julio DSC_0058y agosto. Tras haber recolectado los últimos frutos del verano, es necesario realizar algunas tareas de acondicionamiento en el huerto para prepararlo para el frío invierno. Aun así, no es un momento de parón. Muchas hortalizas soportan bien el frío y es conveniente asegurarnos una producción para los meses venideros recurriendo a estas especies. Muchas veces, es necesario un reabonado de algunas parcelas para darle un empujón a la tierra después del alto consumo de nutrientes que suponen plantas típicas del verano como las solanáceas.

ABONADO.

Siempre teniendo en cuenta la rotación de cultivos, que nos ayudará a que esta labor no sea tan exhaustiva, podemos distinguir algunos sistemas de abonado no muy costosos ni económicamente ni en cuanto al trabajo que requieren. Entre estas opciones os proponemos las siguientes:

Los posos de café: podemos utilizarlos directamente sobre la tierra, mullendo un poco la misma para airearla a la vez que introducimos el café en ella. Contiene gran cantidad de nutrientes, entre ellos nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio y azufre. El tamaño de sus partículas hace que su descomposición sea muy rápida y pueda ser asimilado fácilmente por las plantas. Pero hemos de tener cuidado ya que añade acidez al suelo, y esto en muchos casos no es conveniente, ya que la mayoría de las hortalizas deben ser cultivadas en tierras con un ph entre el 6,5 y el 7. Por eso en nuestro huerto, hemos decidido integrarlo en aquellos lugares donde tenemos fresas, una planta que crece bien en tierras con ph más ácidos (en torno al 5,5). También es un buen componente del compost y es un buen alimento para las lombrices.

Uso de leguminosas: como ya sabemos, las leguminosas aportan nitrógeno a la tierra, aquello que más consumen nuestras hortalizas de verano. Las plantaremos en aquellos lugares en los que hayamos plantado tomates, patatas, berenjenas y pimientos. Para una mayor eficacia y aporte nutricional, sacrificaremos los frutos de estas plantas y las iremos podando a lo largo del invierno para evitar que las flores fructifiquen. Una poda aérea manual producirá automáticamente una reducción de raíces para compensar ambas partes. Las raíces se desprenderán y descompondrán aportando estos ricos nutrientes. Además de habas, guisantes y judías, el trébol es un buen aliado en esta tarea. Incorporar las plantas marchitas de leguminosas de verano a la tierra también es una buena opción de abonado.

Uso de purines: Es conveniente en esta época aprovechar la abundancia de ortigas para realizar purines que ayuden a nitrogenar la tierra. El purín de ortiga, además de repelente e insecticida, es uno de los más comunes abonos líquidos. Otras plantas como la valeriana, la caléndula y el diente de león también son utilizadas para mejorar la estructura del suelo y reforzar el crecimiento de las plantas.

El humus de lombriz: es el más potente de los abonos naturales. Aporta todos los nutrientes necesarios y microorganismos beneficiosos para las plantas. Mejora el ph del suelo y su aplicación puede ser sobre la tierra, sin necesidad de removerla.

PODA Y TRASPLANTE.

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Es momento de podar las aromáticas y arbustos que hayan aumentado su tamaño excesivamente en nuestro huerto. Podemos aprovechar para sacar esquejes que replantar más adelante en otros lugares. También podemos secar la parte cortada para poder usar durante el resto del año en remedios curativos y recetas cosméticas y culinarias.

Para potenciar el enraizamiento de los nuevos esquejes, podemos utilizar un preparado de canela (dos cucharadas rasas de canela en 500 ml de agua caliente dejados a reposar durante 12 horas y posteriormente colado. Puede ser utilizado durante los 3 días siguientes. También tiene un alto efecto fungicida); o lentejas germinadas, que aportan hormonas de enraizamiento naturales (Ver: http://www.ecoagricultor.com/como-hacer-un-agua-de-riego-para-ayudar-al-crecimiento-de-las-plantas/).

También puede ser momento de trasplantar las fresas que hayan sacado sus estolones durante el verano colonizando el espacio. Hay que tener en cuenta que las fresas no suelen fructificar durante más de tres años, por lo que pasado ese tiempo, debemos arrancar las matas viejas y trasplantar las nuevas a otro lugar en el que haya abono suficiente para que puedan fructificar durante la primavera (alrededor de unos 50l/m2). Si deseamos tener una doble cosecha (en junio/julio y en agosto hasta que empiecen las heladas), debemos eliminar las flores que salgan a partir del mes de mayo.

SEMILLEROS Y PLANTACIÓN.

Aunque esta tarea ha de comenzarse a finales de agosto para asegurar los planteles para esta temporada, podemos continuar haciendo algunos más, ya que hasta mediados de octubre podemos plantar la mayoría de las hortalizas que se darán en invierno. También podemos aprovechar para plantar muchas de ellas in situ: espinacas, acelgas, rúcula, zanahoria, rabanitos, nabos y habas y guisantes pueden ser plantados directamente en la tierra de cultivo (Ver: cómo plantar desde semilla).

Aunque no hayamos retirado todas las plantas, podemos ir ocupando parte del espacio con otras plantas de porte menor (normalmente plantas de hoja de invierno) entre los huecos para adelantar la plantación y por tanto la cosecha.

COSECHA.

Es momento de cosechar los últimos frutos del verano. Para potenciar la maduración de los últimos frutos de tomates, debemos airear las plantas eliminando parte de las hojas para que permitan la incidencia de los rezagados rayos de sol. También podemos eliminar parte de la planta y de sus frutos, dejando sólo unos diez por mata, para que las energías se concentren en madurar estos últimos. Hemos de recordar que tanto los tomates como los pimientos y otras hortalizas de fruto grande, pueden acabar de madurar sobre una mesa una vez retirados de la planta. También podemos guardarlos con un plátano, que desprenderá un gas natural que activa la maduración de las mismas.

Podemos recolectar también las zanahorias para su conservación y aprovechamiento durante el invierno. Hemos de dejarlas secar un par de días en el suelo (siempre y cuando éste no se humedezca durante la noche, en cuyo caso lo haremos sobre una mesa cobijada de las heladas), cortando los tallos. Una vez secadas, se pueden almacenar en una bodega o silo. Es recomendable el uso de papel de periódico para asegurar que no cualquiera que no haya secado de todo estropee las otras.

PREPARACIÓN DE COMPOST.

Todas esas plantas que ya no nos sirven y han de ser retiradas podemos triturarlas y echarlas al compost. Si disponemos de un huerto al aire libre, no es necesaria la utilización de una compostera, podemos amontonarlo en un rincón en contacto directo con el suelo para que los insectos y otros animales descomponedores puedan trepar y triturar los residuos. Podemos añadir purín de ortiga, posos de café y compost maduro antiguo para acelerar el compostaje. Tras cinco o seis meses puede ser utilizado para abonar la tierra. Pero ojo, es conveniente no echar al compost plantas enfermas. Ya que transmitiríamos la enfermedad a las generaciones siguientes pues este puede quedar latente en el compost. Para más información ver abonos naturales y compost.

Es conveniente no dejar ninguna parcela yerma. Si disponemos de espacio que no vamos a utilizar, podemos echar una capa de compost para cubrirla o plantar trébol o mostaza para cubrir el terreno y poder aprovecharlo en la temporada siguiente.

PROTEGER

A finales de otoño, es necesario proteger con túneles invernaderos o plásticos agujereados los cultivos que más sensibles resulten a las heladas: espinacas, canónigos, puerros y árboles frutales.

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