semilleros según el método biointensivo

8689612456_5e765036c8_bPor qué hacer semilleros

La práctica de los semilleros, sea en invernadero o en cama caliente nos trae muchos beneficios sobre todo si aspiramos a ser lo más autosuficientes y cerrar los ciclos dentro de nuestro propio sistema.

Por un lado, las semillas necesitan unas temperaturas de germinación difícilmente alcanzables en los primeros meses de primavera, por lo que algunas plantas cuyo crecimiento es más lento, serían todavía demasiado jóvenes cuando llegase el calor propicio para la producción. Cultivar semilleros al resguardo, nos permite que estas plantas crezcan hasta su momento óptimo de trasplante al terreno sin preocuparnos de si el tiempos es demasiado frío o caluroso. Igualmente, podemos controlar la temperatura y el viento para evitar cambios bruscos en un momento que las plantas son demasiado pequeñas para poder sobreponerse a una helada o un viento  demasiado fuerte.

Además, nos sirve para evitar espacios vacios en nuestros bancales por semillas de baja germinación. La siembra a boleo es muy sencilla, pero esparce las semillas con poca uniformidad y corremos el riesgo de tener plantas muy juntas que luego tendremos que eliminar o plantas muy separadas con espacios aprovechables vacíos.

Según el método biointensivo al trasplantar nuestros cultivos con un tamaño ya mayor, podemos asegurarnos que podrán reponerse a los cambios producidos por una mudanza de tierra y nos permite también cubrir el terreno de manera que funcione como un mulch viviente. Como además lo que queremos es aprovechar al máximos el espacio, la producción en semilleros hará que las plantas de la temporada anterior puedan permanecer en los bancales durante más tiempo y alcanzar su máxima maduración sin necesidad de tener que eliminarlas por cuestiones de programación de cultivos.

Como hacer semilleros

El método biointensivo recomienda el cultivo en almácigos (de madera), unos semilleros sin alveolos que son muy útiles para una primera siembra.

Plantea al menos un trasplante a un segundo almácigo antes de la siembra al aire libre. De esta manera ahorramos agua de riego, ahorramos espacio, protegemos las plantas y las mantenemos controladas durante más tiempo para que se vuelvan suficientemente fuertes y podemos proporcionarles sombra si es necesario. Además, si hacemos la siembra de manera ordenada nos aseguraremos de que cada planta tiene la acceso a la misma cantidad de nutrientes.

Las medidas de dicho almácigo pueden variar dependiendo de la cantidad de plantas que queramos tener, pero por lo general no se recomiendo un almácigo con perímetro mayor a 60 x 30 ya que tal tamaño, con tierra dentro pesa unos 18 kg y sería muy incómodo de transportar. Los mejores almácigos rondan los 35 x 29. Un tamaño manejable en el que podemos plantar bastantes semillas. Recordemos que a mayor tamaño, más se autoregula la temperatura y se mantiene la humedad.

Siembra del primer almácigo:

La mezcla de tierra para rellenarlos (para la siembra de semillas) consiste en una parte de compost y una de tierra del bancal en el que plantaremos finalmente la planta. Esta tierra, contiene las características y toda la vida microbiana que convivirá con la planta hasta el final de vida vegetativa, por eso, es lógico que desde un principio comience a hacerse a su futuro hábitat natural. Podemos echar un poco de arena si nuestra tierra es demasiado arcillosa para favorecer el drenaje. La profundidad del primero recipiente deberá de ser al menos de 7,5 cm, tamaño medio que desarrollan las raíces tras la aparición de los cotiledones. No debemos dejar que las raíces se desarrollen mucho en esta primera fase ya que sufrirían mucho en el trasplante y la falta de espacio puede ralentizar su crecimiento.

Siembra en el segundo almácigo:

En este trasplantaremos las plántulas que ya hayan desarrollado al menos sus cotiledones (hojas primarias), la mezcla se compondrá de una parte de compost, una parte del almácigo anterior y una parte de tierra del bancal. Para este proceso, usaremos un tenedor o un bieldo para separarlas sin dañar la raíz. Si ésta sale con tierra mejor. Siempre es preferible a plantar a raíz desnuda, que es cuando más sufre la planta. Es conveniente durante las siguientes 24 horas, poner algo de sombreado sobre las plantas para que le dé tiempo a aclimatarse a su nuevo hábitat y no estar expuesto a la luz del sol directa.

La profundidad del recipiente será de al menos 15 cm para permitir que la planta se desarrolle bien y salgan algunas de las hojas definitivas. Sabremos que es hora de trasplantarlas de nuevo (sea al aire libre o a un tercer almácigo) cuando unas hojas se toquen con las de las plantas contiguas.

Cuando ya queramos trasplantar al aire libre, también es conveniente sacar de su zona protegida un día antes para que vaya acostumbrándose a la temperatura.

En ambos procesos, deberemos humedecer la tierra antes (un día antes incluso cuando queramos pasarlo al bancal) y regaremos finamente después de plantar. Estos semilleros habrán de estar siempre humedecidos, aunque no todas las plantas gustan de la misma cantidad de agua. Las lechugas y las crucíferas sí son amantes de un buen riego, por lo que incluso, para mantener su humedad, pueden ponerse sobre un plato con agua para que la tierra vaya absorbiendo el agua. Otras especies como las curbubitáceas, no desean una humedad alta, por lo que regaremos por encima con cuidado de no mojar mucho las hojas ya que podrían aparecer hongos. Para evitar que el agua caiga fuertemente sobre la tierra y mueva las semillas, podemos utilizar también una botella agujereada por la tapa o un difusor.

La colocación ordenada de las semillas y plantas es muy importante en el sistema biointensivo, ya que así nos aseguramos de que se cubre la mayor parte de espacio sin que las plantas se estorben unas a otras.

Por ello, el uso de una malla de gallinero (sembraremos en el centro de cada agujero) o una pieza triangular con sus lados iguales a la distancia que han de tener las plantas entre sí (sembraremos en cada esquina del triángulo) nos puede ayudar a seguir este patrón. También un lápiz nos puede servir para este fin. Este tipo de siembra se llama en tresbolillo.

Irremediablemente, para semillas muy pequeñas (lechuga, perejil…) se procederá a la siembra a bolero en el primer almácigo con un repicado posterior para colocar en el segundo.

Para saber más sobre cómo plantar desde semilla consultar el taller visto anteriormente y para conocer las distancias de plantación en cultivo biointensivo y los tiempos de germinación he aquí una tabla de información de las especies más comunies. informacin-tcnica-para-la-siembra-de-hortalizas-1-728.

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