¿Sabemos lo que comemos?

Podríamos hacer un repaso a los principales contaminantes que tiene la carne, el pescado y las verduras de forma oficial (es decir, legal). Además de las implicaciones que tiene su producción para el planeta y para nuestra salud.

Informe AESA (AUTORIDAD EUROPEA DE SEGURIDAD ALIMENTARIA): en 2015

En el 27,3% de los alimentos, no sólo se detectó la presencia de un único plaguicida, sino que se hallaron restos de varios de ellos. No existe ningún estudio que haya analizado qué sucede en nuestro organismo cuando ingerimos (a bajas dosis). Muchas de las sustancias se comportan como disruptores hormonales o endocrinos. Se ha constatado que dichas sustancias podrían contribuir a causar infertilidad, malformaciones congénitas y enfermedades de Parkinson y Alzheimer. El glifosato fue uno de los principios activos tóxicos más presentes, que en 2015 ya fue catalogado por la OMS como probablemente cancerígeno.
Este cóctel de diversos residuos en un gran porcentaje de frutas: 63% de las fresas, 53% de los melocotones, 46% de las manzanas y un 36% de las lechugas. La falta de detección se hizo evidente a principios del 2016 cuando por primera vez se analizó la posible presencia de restos del herbicida glifosato en numerosas marcas de cerveza alemana, constatando con sorpresa que sus metabolitos estaban presentes en todas las cervezas analizadas.

En los cultivos de tomates que se venden en los mercados y grandes superficies prima el criterio de la apariencia y no el de la calidad, se utilizan herbicidas y plaguicidas, se cosechan demasiado temprano y se los madura de manera artificial para alargar su vida comercial, prácticas que pueden perjudicar el sabor y el nivel de nutrientes de las hortalizas o las frutas.

Una sociedad que tras siglos de hambre y carencias alimentarias generalizadas, y durante los que comer a menudo carne se consideraba un lujo de ricos, terminó conceptuando la carne como el pilar básico de una supuesta “alimentación nutritiva y equilibrada”. La OMS recomienda no superar la ingesta de más de 25 gr. día (dos cucharadas y media), aunque ya para muchos investigadores esta dosis es totalmente aberrante. Lo más descorazonador de descubrir que el consumo de azúcar resulta
perjudicial para la salud, es que la alternativa de optar por alimentos endulzados con edulcorantes sintéticos sustitutivos del azúcar no sólo puede resultar algo problemático para a salud, sino que varios estudios constatan que la ingesta regular de edulcorantes sintéticos altera ciertos mecanismos biológicos y neuronales, provocando que el cerebro envíe señales neuroendocrinas que inducen a sentir más sensaciones de hambre y provocando a largo plazo una mayor ingesta de comida. El azúcar blanco no solo aporta “calorías vacías” – sin minerales, vitaminas ni otros elementos indispensables para el organismo – sino que su abuso puede generar una acumulación indeseada de grasa, alteraciones metabólicas o estados de desmineralización, pues el organismo recurre a las reservas minerales de huesos y tejidos para compensar la carencia provocada por la ingesta de sacáridos simples. Además, al consumir azúcar refinado provocamos un aumento brutal del aporte de hidratos de carbono de rápida asimilación, lo que induce una subida brusca en los niveles de glucosa en sangre, se sobrecargan las funciones del hígado y sobretodo del pancreas, el cual se ve forzado a dispensar de glope grandes dosis de insulina con el fin de permitir que la glucosa pueda ser absorbida por las células. La discusión sobre alimentos rentables versus alimentos seguros. El uso y abuso de hormonas y sustancias químicas que permiten que una ternera vaya
al matadero en apenas seis meses cuando lo normal sería esperar nueve: uso de hormonas o anabolizantes (clembuterol, estradiol, trembolona, zeranon, etc.) que además de dar un color más rosado a la carne, consiguen que el animal
aumente un 20% de su peso en los quince días previos al sacrificio, simplemente acumulando agua. Agua que, todo hay que decirlo, nos venden a precio de carne.
En octubre de 2015, la OMS hizo público su dictamen en el que se plantea que el consumo regular de carnes procesadas aumenta el riesgo de sufrir cáncer y considera estos alimentos como “cancerígenos para los humanos”,  introduciéndolos en la lista de sustancias más peligrosas para la salud, como el humo del tabaco, el plutonio, el alcohol o el aire contaminado. Carne roja (vaca, cerdo, caballo, cordero, cabra) como “probablemente cancerígeno”. La producción industrial de carne consume entre quince y veinticinco veces
más recursos energéticos y naturales que los necesarios para producir la misma cantidad de proteina vegetal. De cada dieciséis kilos de cereales y legumbres que se le dan al ganado vacuno, se obtiene solo un kilo de carne. Es decir: la producción ganadera actual en el planeta consume una cantidad de alimento equivalente a las necesidades alimentarias de unos nueve mil millones de personas.
El descalabro es este: una ternera proporciona una media de 1500 raciones alimentarias, mientras que los cereales y legumbres que se le dieron en forma de piensos suponen unas 6000 raciones alimentarias que podrían estar disponibles para ser consumidas directamente.

Las causas del notable incremento de la celiaquía y de la intelorancia al gluten: a factores genéticos se le suma el hecho de que, en el último siglo, los cereales han sufrido infinidad de selecciones varietales, cruces, manipulaciones genéticas, a fin de incrementar su productividad y buscando que el gluten fuera más blando y permitiera un fermentado más rápido de los procesos industriales de elaboración del pan y derivados. Además del uso de harina refinada.
Leche: la leche de vaca es el alimento ideal para el desarrollo rápido y saludable de los jóvenes terneros, que alcanzan ya los 150 kg de peso o más al año de vida, por lo que necesitan un alimento mucho más energético y concentrado que los bebés humanos. Por el contrario, la leche materna humana es una leche muy suave y de fácil digestión para un bebé o un niño hasta los tres años, edad en la que el estómago humano empieza a disminuir la producción de lactasa y de encimas digestivas (renina). Contiene una proporción de grasas y proteínas muy inferior a la leche de vaca y contiene además bacterias digestivas, anticuerpos, encimas y hormonas específicas.
Además de los azúcares de la leche humana y su composición mineral, conjunto de cualidades no presentes en la leche de vaca.
En todo caso hay que ser consciente de lo que tomamos con la leche. Hay grandes diferencias entre leche pasteurizada (o fresca), leche esterilizada y leche uperizada o ultrapasteurizada (UHT).
Pasteurizada: se somete a un proceso de aumento de temperatura hasta los 63ºC durante treinta minutos (o durante 15, a una temperatura de 71.7) de forma que se eliminan mohos, levaduras y la mayor parte de las bacterias.
Rápidamente se baja la temperatura hasta los 6ºC y se envasa, consiguiéndose lo que se denomina “leche fresca”, la cual tiene un periodo máximo de consumo de una semana.
Leche esterilizada: envasada herméticamente, se somete a una temperatura de 110 ºC por unos veinte minutos. Se pierden gran parte de sus características organolépticas, ya que se destruyen algunas vitaminas, se desnaturalizan proteínas y se caramelizan los azúcares de la leche (sistema en desuso). Leche uperizada o ultrapasteurizada: un fuerte incremento de temperatura entre 135ºC y 150º durante entre uno y cuatro segundos, para luego bajar su temperatura y ser envasada en condiciones asépticas. Las ventajas: no se producen grandes modificaciones en la composición de la leche y se amplia considerablemente su fecha de caducidad, permitiendo así largos periodos de conservación a temperatura ambiente. No obstante, la leche UHT posee un valor nutricional mucho menor que la leche pasteurizada ecológica de vacas que se alimentan con pastos frescos.
75% Omega 3, ácidos linoleicos conjugados 500%, vitamina B6 y B12 50%, luteína y zeaxantina 200%…
Para las personas preocupadas por los posibles problemas de descalcificación o de osteoporosis, baste decir que la propia OMS ya reconoce que una dieta rica en hojas verdes aporta la casi totalidad del calcio que precisa el organismo humano. Especialmente recalcificante es el consumo regular de almendras, frutos secos y semillas oleaginosas como el sésamo. Si a todo ello añadimos las legumbres y el resto de hortalizas, es casi imposible que padezcamos carencias de calcio, sobre todo si suprimimos de la dieta los
azúcares refinados, ya que son tanto o más responsables que la leche de la desmineralización y la descalcificación de los huesos.
Pescado: un estudio analizó muestras de pescado fresco de mar comprado al azar, y recogía las catorce especies de mayor consumo en Cataluña: sardina, atún, anchoa, caballa, emperador, salmón, merluza, salmonete, lenguado, sepia, calamar, mejillón, almeja y gamba. Se analizaron concentraciones de diferentes contaminantes como arsénico, cadmio, mercurio y plomo, así como las dioxinas y furanos policlorados, bifeniles policlorados, hidrocarburos aromáticos policíclicos, éteres difernílicos policlorados, éteres difenílicos polibromados y naftalenos policlorados. En el estudio, Roser Martí señala que respecto a los contaminantes químicos, un adulto de 70 kg ingiere al día 1,1 microcragmos de cadmio, 2 microgramos de plomo y 9,9 de mercurio.
Los huevos: aquellas que se crían en libertad tienen más vitaminas y minerales y menos colesterol. Además, si los animales han podido picotear hierba fresca se eleva su contenido en folatos ( ácidos fólicos) y omega 3 sin necesidad de recurrir a la práctica de añadir harinas de pescado, algo frecuente en los piensos usados en las granjas industriales…

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