Regeneración de suelos

Más de una vez hemos  dedicado la sesión de huerto a hablar del suelo. Y es que tras varias décadas de aplicación de la agricultura industrial en nuestros campos, cada vez más, se hace visible la importancia de cuidar la tierra incluso tanto como las propias plantas. Pues el suelo se entiende en agricultura ecológica como un ente vivo y un recurso no renovable. Y decimos esto porque aun pudiendo utilizar técnicas para recuperar suelos, por lo general, un suelo fértil que ha tardado miles de años en crearse necesita de al menos 200 años para producir 1cm de tierra productiva de manera natural. Al año, debido a las prácticas de la agroindustria, perdemos 13 millones de bosque y 24.000 millones de toneladas de suelo fértil.

Si consideramos la capacidad del suelo a nivel mundial para la agricultura, estamos  en un  momento, según datos de la FAO, con que sólo un 11% no tiene problemas para este fin, y un 23% denota ya problemas de intoxicación por químicos. El resto, son consideradas tierras o bien muy frías, o bien muy secas, tierras poco profundas y tierras muy húmedas. Por tanto, nos encontramos ante un problema grave que puede hacer temblar nuestra seguridad alimentaria.

El suelo está compuesto por un 45% de materiales minerales, un 5% de materia orgánica, un 25% de agua y un 25% de aire. Esta conjunción de elementos permite la vida de miles de especies del reino animal y fungi que nos ayudarán a alimentar a nuestras plantas.

Un suelo dañado por la agricultura industrial puede ser reconvertido para agricultura ecológica si tenemos en cuenta algunos consejos para devolver  la tierra a un estado lo más natural posible. Obviamente, dependiendo del grado de daño, tardaremos más o menos tiempo en conseguirlo, pero no por ello debemos desesperarnos. La certificación ecológica marca tres años para obtener tu certificado cuando comienzas de nuevo una finca, pero si tenemos en cuenta todas las consideraciones biológicas y los tiempos de la Naturaleza,  lo más probable es que se tarden más de diez años en regenerar un ecosistema. He aquí algunas ideas para mejorar la calidad de nuestra tierra:

Repoblar  la vida del subsuelo

Hemos constatado que, cuanta más alta es la tecnología, más eficaz a corto plazo, pero también más dañina si consideramos la degradación que produce a la larga. Por ello, frente a los sistemas de agricultura industrial, que eliminan la vida del subsuelo así como aquellas especies vegetales que no son productivas, la agricultura ecológica pretende crear sistemas biodiversos que establezcan relaciones simbióticas entre ellas.

Para más información sobre microorganismos valiosos para el suelo ver el taller semilleros de microorganismos

Eliminar la compactación:

Una de las prácticas más comunes en agricultura industrial es el uso de maquinaria pesada. Un suelo compactado es un suelo sin aire, sin agua  y por tanto, sin vida. Además, las raíces no podrían moverse libremente en un suelo con estas características, y esto resulta en raíces superficiales, que hacen una planta poco resistente a los vientos y con falta de nutrientes.

Pero también el pisado humano o animal pueden compactar la tierra, por eso nosotros aconsejamos delimitar bien las zonas de cultivo (mediante bancales u otros sistemas) para no tener que pisar las zonas en las que se va a cultivar.

Además de la existencia de vida en el subsuelo (las lombrices por ejemplo, ayudan a descompactar mediantes su movimiento por las distintas capas del terreno), existen algunas plantas que nos pueden ayudar a lograr este objetivo, entre ellas se encuentran las gramíneas en general y el trigo y la alfalfa como las más eficientes, las habas, con longitudes de raíz de hasta dos metros y el amaranto, con raíces fuertes capaces de romper terrones de tierra. Idealmente, estas plantas han de sembrarse en barbecho durante 2-3 años antes de cultivar, por lo que el procedimiento es lento. Pero existen técnicas en las que se combina el uso de estas plantas con cultivos cuyas raíces no profundizan más de 30 cm para ir obteniendo cosechas a la vez que realizamos una descompactación en las capas más profundas.
Favorecer la biodiversidad:

Otro de los problemas derivados del sistema de cultivo industrial es el monocultivo. Cuanto más complejo es un sistema, más estable se considera, pues tiene más alternativas para poder hacer frente a posibles incidencias. Por ello, la agricultura ecológica promueve la conservación de la biodiversidad, que además de dar cobijo a insectos beneficiosos y vida microbiana, puede servirnos también como un sistema de autoregulación ante posibles plagas. Ni que decir tiene, que un huerto diversificado a escala familiar, también nos permite obtener productos diversos para una alimentación completa y adecuada.

Utilizar abonos de liberación lenta:

Son el compost, el lombricompost y la materia orgánica en descomposición. Este tipo de abonos sólidos ponen a disposición de las plantas los nutrientes durante todo su período de crecimiento, de manera que dependiendo de la fase vegetativa de la planta, ésta podrá disponer de ellos a su antojo. De esta manera no producimos el estrés que en cambio supone la adición de  fertilizantes líquidos, de una sola vez y que la planta debe asimilar en ese momento. Si pensamos en el símil de cómo nos sienta a nosotros sentarnos a comer tranquilos y cómo nos sienta comer rápidamente en el metro de camino al trabajo, podemos entender la diferencia entre un tipo de abonos y otros.

Además, todos estos abonos contienen en su interior gran variedad de microorganismos (cuanto más variedad en los materiales que lo componen, más diversidad de microorganismos). Pero existen situaciones en que esto no es suficiente. Por ello, un paso paralelo a la adición de materia orgánica es contemplar la introducción de microorganismos beneficiosos para favorecer las micorrizas mediante te de compost u otros preparados de microorganismos.

El abono orgánico permite también prevenirnos de las sequías, ya que funciona como una esponja que almacena agua en su interior y la pone a disposición de la planta cuando la necesita, de manera que nunca tendremos estrés hídrico y todos los seres vivos que componen la tierra la tendrán también a su disposición.

Proteger el suelo:

Debido a la popularización de la agricultura industrial, tenemos una concepción errónea de lo que es un suelo. Campos limpios de “maleza”, solo cubiertos por las plantas que nos interesan, hacen mucho daño a la calidad de los suelos. Es necesario, de la misma manera que ocurre en un bosque, que abriguemos nuestro suelo. Sea con vegetación o con cobertura muerta (mulch), proteger el suelo nos permitirá que bajo esta capa existan millones de seres que nos ayudan a mantener la fertilidad del terreno. Del mismo modo que se nos llama a cuidar nuestra flora intestinal, los microorganismos del suelo son la “flora” del aparato digestivo de la Naturaleza que es la tierra.

La fitorremediación:

Se trata una tecnología ecológica consistende en el uso de ciertas plantas en terrenos contaminados por poseer la capacidad de tolerar, absorver, acumular y degradar compuestos contaminantes en la tierra.

Algunas plantas comunes que ayudan a eliminar los tóxicos de la tierra:

Girasol, para el uranio y el arsénico

El álamo, para el níquel, cadmio y zinc

Mostaza, para el plomo

Más información sobre fitorremediación

http://www.ecologistasenaccion.es/article17857.html

Otros asesinos de nuestro suelo son la poca planificación y eficacia respecto al riego, el uso de agroquímicos, las sequías y el viento, la deforestación y las quemas. Hemos de evitar a toda costa estas circunstancias si queremos mantener un suelo con un equilibrio que se perpetue en el tiempo.

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