Mejoramiento de suelos. Cómo reconocer nuestra tierra.

Uno de los elementos básicos para que un huerto sano se mantenga como tal es la calidad de la tierra. La tierra es la base de las plantas y provee a sus raíces de una sujeción firme además de almacenar los nutrientes y el agua que estas necesitan. Dependiendo de su composición, la capacidad de aportar nutrientes a las plantas varía. También varía la forma en que debemos trabajar la tierra y las plantas que en ella proliferarán.

Estos son los factores determinantes de la fertilidad de la tierra:

La material orgánica de la tierra, incluyendo aquí la biomasa microbiana.

La estructura o textura de la tierra

La profundidad de tierra mullida

El contenido en nutrientes

La capacidad de retener el agua y el drenaje

El ph

La ausencia de elementos tóxicos

Nos centraremos en este taller en el análisis de textura y ph de la tierra, ya que los otros factores se han tratado ya en otros talleres.

La estructura de la tierra

A pesar de lo que se cree, el color de la tierra no define su fertilidad. En cambio, sí lo hace por ejemplo, la textura.

La textura de la tierra depende del tamaño de partículas que conforman la tierra. Los términos, arena, limo y arcilla refieren a esto mismo. La arena, cuyas partículas son de mayor tamaño que el resto,  tiene una textura áspera. La arcilla, cuyas partículas son las de menor tamaño, tiene una textura pegajosa. El limo, tiene una textura suave y harinosa. Con estos datos, simplemente con coger un puñado de tierra y amasarlo con una mano podemos saber si nuestra tierra es arenosa, arcillosa o limosa.

Pero si nos interesa medir exactamente la cantidad de cada uno de estos elementos, podemos utilizar este simple test:

  1. Llena un tarro de tierra (eliminando piedras grandes, ramas y otros desperdicios de mayor tamaño) con ¼ de tierra.
  2. Añade agua hasta alcanzar los ¾ del tarro.
  3. Bate la mezcla durante 10-15 minutos para que la tierra se divida en partículas individuales.
  4. Deja reposar sin mover durante 2-3 días (para algunos tipos de tierra, esto puede llevar hasta una semana).

Las partículas se separarán según su peso. Lo primero que veremos, después de un minuto, es la cantidad de arena. Al cabo de un par de horas, podremos determinar la cantidad de limo. Llevará varios días determinar la cantidad de arcilla. Una vez pasado este tiempo, podemos hallar los porcentajes de cada elemento.

Conocer estos porcentajes nos ayudará a saber cómo será nuestra tierra cuando la trabajemos.

Una tierra arcillosa, retendrá gran cantidad de nutrientes, pero a la hora de trabajarla, se hará muy pesada, se formarán terrones duros que las raíces no podrán atravesar y retendrá gran cantidad de agua en la superficie, por lo que es posible que esta no llegue hasta las raíces o las pudra por exceso de la misma si son raíces superficiales. Tampoco favorece el paso del aire, por lo que la falta de oxígeno va en contra de las necesidades de los microorganismos que viven en el subsuelo y que ayudan a las plantas en la absorción de nutrientes. Además, tarda mucho en calentarse, por lo que las semillas germinan con más dificultad y se resquebraja en invierno, creando huecos por los que el agua pasará directamente al subsuelo. Para mejorar un suelo muy arcilloso, lo mejor es ir añadiendo año tras año materia orgánica. También podemos recurrir a elementos que ayuden al drenaje como arena u otras sustancias artificiales (perlita, verminulita). Es probable que un suelo arcilloso sea alcalino, por lo que, tras realizar una prueba de ph, podemos añadir, por ejemplo, cal o yeso para mejorarlo. Plantas que se desarrollan bien en suelos arcillosos suelen ser las crucíferas, las grosellas y algunos frutales como el peral o el manzano.

Una tierra arenosa, facilitará el drenaje (pero por tanto no retendrá agua, que se colará hasta capas más profundas inaccesibles por las raíces) y la aireación (así las raíces crecerán fuertes), es fácil de trabajar pero no retendrá muchos nutrientes en la tierra ya que estos se verán lavados por el agua que atraviese hacia el subsuelo y no es hábitat preferido de microorganismos. Además, se calienta con facilidad, por lo que en primavera las semillas germinarán rápidamente. Para mejorar este tipo de tierra, deberán añadirse cada año, grandes cantidades de compost y materia orgánica. Se puede recurrir a fertilizantes líquidos naturales en el agua de riego durante los primeros años para aumentar el aporte de nutrientes inmediato. También se puede plantar durante el primer año una especie de rápido crecimiento y rápida descomposición que se de bien en la zona, que aporte al final de su ciclo gran cantidad de materia orgánica y cuyas raíces (que dejaremos en el suelo cortando el tallo a ras de tierra) servirán de hábitat de microorganismos. Esto pueden ser algunas leguminosas como el trébol, el altramuz o la veza. Plantas que se adaptan bien a este tipo de suelos suelen ser las plantas de raíz como la zanahoria o el nabo y aromáticas como el tomillo.

Una tierra muy limosa, es muy fácil de trabajar. Suele contener grandes cantidades de nutrientes, ya que se produce por el arrastre de partículas muy finas de materia orgánica por medio del agua o el viento. Es el suelo típico que encontraremos en los márgenes de los ríos. Al igual que con los suelos arcillosos, hemos de fijarnos en su capacidad de drenaje. Podemos hacer una prueba cavando un hoyo y rellenándolo de agua. Así podremos ver el tiempo que tarda en colarse el agua en el subsuelo. Dependiendo del tiempo, podrá soportar plantas que toleren más o menos las inundaciones o la sequía. Nuevamente, podremos añadir materia orgánica para mejorar sus condiciones. Un aporte de arena si la tierra se compacta con facilidad también es adecuado.  La mayoría de las plantas se adaptan a este tipo de tierras.

El ph

El ph de la tierra afecta a la capacidad de la misma para absorber nutrientes y dependiendo de ello, en nuestro huerto se darán mejor diferentes tipos de plantas. Distinguimos básicamente dos tipos de suelos: alcalinos y ácidos.

La mayoría de las hortalizas que vamos a cultivar se dan bien en suelos de ph neutro, esto es, en una escala del 1 al 14, siendo 1 suelos muy ácidos y 14 muy alcalinos, es ideal una tierra entre el 6 y el 8.  Las plantas que toleran mejor suelos ácidos (hasta el 4) son los frutos del bosque como moras y arándanos. Las patatas y las fresas, soportan bien ph en torno al 5,5. Las plantas que toleran mejor los suelos alcalinos (hasta el 8) son los pimientos y los champiñones.

Para analizar el ph de nuestra tierra podemos recurrir a tiras de análisis de ph que podemos comprar en viveros y tiendas especializadas. Para aquellos que no se quieran complicar, aquí ofrecemos un test sencillo.

  1. En un tarro echaremos un puñado de tierra. Añadiremos vinagre. Si al hacerlo salen burbujas, quiere decir que el suelo es alcalino y tendremos que corregirlo. Podemos hacerlo mediante el aporte de materia orgánica u otro elemento acidificador como posos de café o aguja de pino.
  2. En un tarro echaremos un puñado de tierra y la mezclaremos con agua (preferentemente destilada, ya que el agua de grifo es ligeramente alcalina y la de lluvia ligeramente ácida) hasta que tenga una consistencia barrosa. Añadiremos bicarbonato sódico. Si burbujea quiere decir que el suelo es ácido. Para mejorarlo podemos añadir materia orgánica o cal o cenizas.
  3. Si ninguna de las dos mezclas hace efervescencia significa que el suelo tiene un ph neutro y por tanto es ideal para cultivar.

La prueba de la lombarda

Curiosamente, se puede medir el ph con una col lombarda:

Para ello, calentaremos agua destilada en una olla y una vez hierva, apagaremos el fuego y añadiremos trozos de col lombarda muy bien picados y finos que dejaremos ablandar durante diez minutos. Pasado este tiempo, colaremos el agua que se habrá tornado rosada. Esta solución tendrá un ph de 7. Si quieres comprobarlo, puedes hacer la prueba del vinagre y el bicarbonato.

Vierte un poco de este jugo en una taza y añade un puñado de tierra. Deja reposar 30 minutos y comprueba el color del agua.

Si continua siendo violeta, el ph es en torno a 7.

Si es rosa, el ph es ácido. Cuanto más claro sea al rosa, más ácido será el suelo.

Si es azul o verde, el ph es alcalino. Cuanto más claro sea el azul o verde, más alcalino será el suelo.

La materia orgánica

Ha quedado claro tras estas explicaciones, que la mejor manera de mejorar el suelo es mediante aporte continuo de materia orgánica.

Un aporte de humus de lombriz es la mejor opción, ya que, como hemos visto en otros talleres, este material contiene gran cantidad de microorganismos necesarios para que las plantas absorban aquello que necesitan además de ser muy equilibrado en cuanto a micro y macro nutrientes.

La utilización de compost natural hecho a través de materia orgánica en descomposición y estiércol animal (caballo, vaca y oveja como los más adecuados) también es adecuada.

Un test sencillo para analizar la cantidad de materia orgánica que contiene nuestra tierra es el siguiente:

Sobre un puñado de tierra, echaremos agua oxigenada. Cuantas más burbujas haga, más grandes y durante más tiempo, , más materia orgánica contiene la muestra y por tanto, deducimos que existen mayor cantidad de microorganismos. Ya que solo existen allí donde hay materia orgánica en descomposición.

Podemos mejorar la cantidad de microorganismos de la tierra mediante la aplicación de te de compost o mediante bombas de nutrientes:

Estas no son más que bolas de humus de lombriz no maduro sin colar que colocaremos en hoyos en la tierra y cubriremos con paja para proteger de la incidencia del sol. Los microorganismos y larvas de lombriz que en ellas se contienen, proliferarán y se multiplicarán en nuestra tierra, aportando mayor riqueza a la misma. Es importante tener en cuenta, que el volteo continuo de la tierra y las tradicionales labores de labranza van en perjuicio de la biomasa microbiana del subsuelo, por lo que recomendamos técnicas de no laboreo como el uso de bancales permanentes para evitar estos problemas.

Cómo reconocer la existencia de nutrientes en la tierra

Es quizás lo más complicado de reconocer pero existen maneras de hacerlo.

Por supuesto, siempre podemos recurrir a un análisis de nuestra tierra en un laboratorio, para que nos digan la cantidad de carbono, nitrógeno y potasio contenida en ella. También podemos analizar los niveles de hierro, magnesio, calcio, fósforo, etc.

Pero si queremos prescindir de estos caros y aparatosos análisis, podemos servirnos de las plantas adventicias que crecen en nuestro huerto para saberlo.

Ver cuadro de plantas indicadoras más comunes.

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