La reproducción de aromáticas y otros sistemas de plantación

Las aromáticas son especies que no necesitan muchos cuidados, alegran nuestro huerto y nos ayudan a controlar las plagas. Además, muchas de ellas las podemos usar en la cocina o utilizar en remedios naturales contra enfermedades de nuestro cuerpo o en cosmética natural.
Por ello, un buen huerto ecológico siempre ha de disponer de estas plantas sea acompañando a otros cultivos en los bancales o en zonas especiales como hábitat de insectos beneficiosos.

Existen varios métodos de reproducción de estas plantas. Muchas de ellas se pueden reproducir de varias formas, pero lo que sí es cierto, es que, a diferencia de las hortalizas, que se suelen plantar desde semilla, estas se reproducen mejor con otros métodos. Al ser plantas vivaces de crecimiento lento (la mayoría de ellas), nos conviene más no hacerlo desde semilla y comenzar directamente con un esqueje o un acodo.

Para ver las diferentes formas de reproducción de aromáticas ver Reproducción, secado y usos de las plantas medicinales.

Reproducción de tubérculos: el caso del boniato

El boniato es una planta de origen tropical que se da bien en ambientes más bien cálidos y aunque no le gustan las tierras muy húmedas, sí los riegos frecuentes. Actualmente, se está comenzando a producir boniato en nuestra región, y con algunos cuidados extra puede ser una planta muy rica en nutrientes (sobre todo hidratos de carbono), y además nos puede servir como cobertura del suelo gracias a su inmenso follaje y su cualidad rastrera.

Como tubérculo, al igual que las patatas, se reproduce principalmente a través de la siembra de pequeños trozos del propio boniato. Aunque también se podría utilizar la semilla para producir plántulas que más tarde se plantarían como cualquier otra hortaliza, este sistema no es muy fiable por la dificultad de la producción de semilla de estas plantas.

Para poder realizar esta tarea directamente desde los tubérculos que recogemos, es importante que sometamos al boniato a un proceso de secado para su conservación. Esta hortaliza es anual, por lo que se planta a finales de primavera y se recoge tres o cuatro meses después, cuando las hojas comienzan a amarillear. Una vez recogido el tubérculo, debemos limpiar con un paño los restos de tierra y reducir su cantidad de agua para evitar podredumbres y poderlo conservar hasta el año siguiente. Esto se hace metiendo en cajas negras los tubérculos cubiertos por un saco para que este absorba el exceso de agua o bien dejándolos al sol durante unos días, dándoles la vuelta para que se sequen uniformemente por todas partes. Luego los guardaremos entre paja o en un lugar seco hasta la temporada siguiente.

Llegado el momento de sembrarlo, podemos cortar trozos del tubérculo (si tienen ya algún tallo mejor) y plantarlos bajo tierra con una separación de unos 50-60 cm. Cuanto mayor sea el número de tallos enterrados, mayor será el número de frutos, ya que estos se originarán en las raíces de los mismos. Hemos de humedecer la zona abundantemente para indicarle a la planta que ha llegado el momento de enraizar. Tras unas semanas comenzará a desarrollar nuevos tallos y posteriormente los tubérculos.

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