La importancia del suelo en la agricultura ecológica

El uso de tecnología y los avances en el conocimiento del suelo de las últimas décadas nos han permitido entender mejor cómo se relacionan nuestros cultivos con los microorganismos existentes en el suelo. Y eso, es un gran avance a la hora de aprender a tratar nuestra tierra y de mejorar la productividad a la vez que mantenemos los ecosistemas vivos de los que nos beneficiamos.

Los microorganismos de la tierra, que se cuentan por billones en solo un puñado de suelo, tienen un papel clave en la fertilidad de nuestros cultivos, ya que establecen relaciones simbióticas con ellas y se hacen favores mutuamente: favorecen el enraizamiento, las protegen de la incidencia de patógenos, descomponen sustancias tóxicas y mejoran la estructura del suelo entre otros muchos beneficios. Y es que el suelo no es una materia inerte como se creía antiguamente, sino un entramado de complejas relaciones interdependientes entre lo físico, lo químico y lo biológico que son imprescindibles para el mantenimiento del balance biológico del mismo y son clave para la sostenibilidad de cualquier ecosistema.

Hasta ahora, la mayoría de tratados sobre agricultura ecológica se habían centrado en nutrir a la planta con una visión semejante a la que tiene la agricultura industrial pero con productos de origen biológico. Pero durante los próximos talleres, queremos centrarnos en crear y mantener la vida del suelo para que sea esta la que nos ayude a nutrir a nuestra planta. Y es así como comenzamos a hablar de la rizosfera, la parte subterránea que rodea a las raíces y que está bajo la influencia de estas. La zona de interacción de las raíces de nuestras plantas con los microorganismos del suelo.

Las plantas segregan a través de sus raíces sustancias químicas compuestas por carbohidratos y proteínas. Estas sustancias se llaman exudados, y dan alimento a la base de la cadena trófica que habita en el suelo: las bacterias y hongos. Estos son comidos por nematodos y protozoos y todo lo que el conjunto de los microorganismos excretan en forma de basura es lo que las plantas necesitan para nutrirse. Protozoos y nematodos son comidos por artrópodos, que son alimento de otros artrópodos y animales vertebrados como  pájaros y topos entre otros.

Por tanto, podemos decir que la planta está en el centro de esta red nutricional y dependiendo de los exudados que excreten atraerán a un tipo de bacterias y hongos u otros. Y estos a su vez, modificarán el tipo de ecosistema y el resto de la composición de la cadena trófica. Sin ellos, el resto de organismos del suelo no existen.

El problema de los sistemas agroindustriales, es que no solo son perjudiciales por su contaminación con nitritos, nitratos, pesticidas y otros agroquímicos sino que con prácticas como el laboreo y la fertilización líquida (poniendo a disposición de la planta los nutrientes que necesita) frente al aporte de materia orgánica, han dañado la composición del suelo y por tanto, su estructura. Las bacterias conforman una sustancia viscosa que les sirve para no ser arrastradas por el agua y de esta manera mantienen unidas las partículas del suelo. Las hifas de los hongos unen estas partículas entre ellas y mantienen la tierra formando agregados, que son los encargados de reducir el impacto de la erosión. Las lombrices, larvas y otros animales cavadores crean a su paso galerías que permiten la circulación del aire y el agua, y de esta manera, se crea el hábitat perfecto para las raíces de nuestras plantas y su próspero desarrollo.

Cuando analizamos la calidad de nuestro suelo, normalmente nos limitamos a los aspectos físico-químicos que nos indican si la tierra tiene macro y micronutrientes esenciales para la planta, pero olvidamos que la forma natural de que estas sustancias existan en el suelo y la forma de mantener estabilidad y funcionamiento de los ecosistemas a largo plazo es que existan todos estos microorganismos en interrelación.

Todo esto nos lleva a que si conseguimos mantener ciertos microorganismos en el suelo, conseguiremos reproducir los mecanismos que permiten la fertilización de la tierra de manera natural. Y para ello, un elemento fundamental es el aporte de materia orgánica en el suelo. Ya que las bacterias y hongos, además de nutrirse de las sustancias azucaradas exudadas por las raíces, se alimentan de materia orgánica en descomposición y producen la transformación de la misma en minerales. Y si conseguimos mantener estos microorganismos en el suelo, tenemos el inicio de lo que será un suelo fértil. Por ello son llamamos bioindicadores de fertilidad. En concreto, las bacterias se encargan de transformar la materia orgánica y su existencia modifica la aireación, porosidad y retención de humedad del suelo. Los hongos, a su vez, descomponen la materia orgánica y la transforman en minerales…

Cuando nosotros aplicamos técnicas agrícolas industriales (fertilización líquida, laboreo, uso de pesticidas…) lo que hacemos en destruir  la composición del suelo y su reparación es difícil y a veces imposible, llevando a la desertificación. El mismo laboreo en agricultura ecológica rompe las hifas de estos hongos beneficiosos y con ello modifica las propiedades físico-químicas del suelo.  El uso de fertilización líquida hace que las plantas no necesiten de esta interrelación con hongos y bacterias y limita la exudación de sus raíces. Por tanto, estos microorganismos se desplazan a otros terrenos donde sí puedan coexistir, modificando de esta manera la estructura del suelo y permitiendo fenómenos como la erosión. A su vez, al no existir, permiten la entrada de microorganismos patógenos que no encuentran competidor y pueden atacar a nuestras plantas. No solo los microorganismos del suelo transforman la materia en sustancias asimilables por las plantas y ofrecen unas condiciones en el suelo idóneas para la proliferación radicular sino que también controlan las poblaciones de otros microorganismos perjudiciales.

*Gran parte de la información de este taller ha sido extraido de Jaizme-Vega, MC (2015), Los microorganismos del suelo como bioindicadores de sostenibilidad en Tello, Javier et al. (2015), La Sociedad, la Agricultura y el Suelo, Gran Canaria, ICIA.

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