Iniciación a la alimentación crudivegana

Existen muchas justificaciones para ser vegetariano, pero a la mayoría de la gente, el vegetarianismo, veganismo y ya no decir el crudiveganismo le produce rechazo. Hemos vivido durante las últimas décadas en la cultura de la carne y parece que ésta debe existir en nuestra dieta sí o sí porque si no, no estamos bien alimentados. Pero si pudiésemos preguntarle a nuestros abuelos qué es lo que comían cuando eran niños, raramente alguno diría que su dieta estaba basada principalmente en la carne.

Los vegetarianos dicen que nuestro cuerpo está diseñado para llevar una dieta principalmente vegetariana: nuestras mandíbulas aunque más pequeñas, son más semejantes a las de los herbívoros que a las de los carnívoros, tenemos glándulas que segregan saliva para la digestión de los hidratos de carbono (no para la carne), nuestro estómago posee un PH más alcalino que el de los carnívoros y la carne es un alimento que acidifica nuestra sangre. Nuestro intestino es más largo que el de los carnívoros y por tanto tarda más en evacuar los restos de carne, y nuestra flora intestinal no está preparada para evitar la putrefacción…[1]

Además, uno de los motivos principales por los que la gente se convierte a vegetariana es el maltrato animal que sufre el ganado destinado a consumo humano. Las condiciones carcelarias y alienantes en las que viven la mayoría de estos animales, la alimentación basada en piensos de mala calidad y muchos de ellos hechos de harinas de huesos para alimentar a herbívoros, la separación de las crías de sus madres para sacrificarlos… si viésemos una granja de aves industrial, nos haría cuestionarnos mucho nuestro modelo alimenticio…

Pero como Instituto de Transición, queremos ir más allá y proponer este taller ya no por lo dicho anteriormente, que también, sino por los beneficios ambientales y la coherencia con un el modelo de civilización que estamos buscando. Una dieta adecuada al mundo irreversiblemente finito en el que vivimos.

Y es que “solo con la reducción de la cantidad de carne ingerida por las poblaciones del norte, liberaríamos recursos suficientes para alimentar sobradamente a la población máxima de la tierra en el siglo XXI”. UN 36% del cereal mundial se destina a la alimentación del ganado”[2].  El consumo de carne añade un paso más en la cadena para obtener el alimento, ya que es necesario producir antes los cereales y piensos que consumen los animales.

En un mundo en que según la FAO perdemos al año 24.000 millones de toneladas de  suelo fértil debida a la desertización, la agroindustria y la intoxicación de las tierras con metales pesados y productos químicos, es algo a tener en cuenta. Producir 10 cm de suelo fértil necesita de manera natural 2000 años.

El agua es otro factor importante, cada año perdemos grandes cantidades de agua dulce. La contaminación de aguas por algas nocivas derivadas de la agricultura industrial, el del cambio climático y la desertización por baja pluviometría está a la orden del día. Se espera que para el 2030 la demanda de agua supere a oferta si no cambiamos nuestras pautas de consumo[3]. Según la FAO, producir un kilo de carne de vaca necesita 15.500 litros de agua, 1 kg de carne de cerdo 4.800l… en cambio, 1 kg de patata solo necesita 900 litros, y 1 kg de trigo 1300. La diferencia es considerable.

Los beneficios para la salud de una dieta principalmente vegetariana también influyen indirectamente en el medio ambiente. Enfermedades propias de este siglo como la diabetes, la obesidad, el estreñimiento o el colesterol, generalmente tratados con medicamentos químicos que se evacuan en nuestros inodoros a través de las heces y contaminan mares y acuíferos, podrían evitarse con dietas más ricas en frutas y verduras. Por poner algún ejemplo, frente a las grasas saturadas de los alimentos cárnicos, las verduras poseen grasas insaturadas, las “grasas buenas”, que nos pueden prevenir de desarrollar problemas cardiopáticos; el alto contenido en fibra de estos productos, evita el estreñimiento, el colesterol y las hemorroides; son ricos en potasio, que contrarresta la acción del sodio evitando la retención de líquidos…Y una dieta saludable, previene en general de muchas enfermedades y con ello, evita nuestra necesidad de depender de un sistema sanitario estatal que podría deteriorarse ante una crisis global como la que podemos vivir en unos años. [4]

Tenemos la suerte de vivir en un país que produce gran variedad de productos hortícolas y frutales, desde aguacates hasta kiwis, pasando por todo tipo de verduras tanto de temperaturas más frías como de calor. Y la cercanía a la hora de consumir importa también para mantener sociedades resilientes y menos dependientes de los combustibles fósiles. Aprovechemos nuestra ventaja para llevar una dieta más saludable sin tener que exportar los productos de ultramar.

Ante todo, no se trata ahora de convertirnos al 100% al vegetarianismo, no todo el mundo está preparado para llevar una dieta tan estricta, pero sí de ir incorporando a nuestro día a día, platos puramente basados en verduras y frutas. Podemos avanzar en la medida que vayamos viendo. Para nosotros, una dieta ideal y sostenible estaría basada en alimentos vegetales a diario y algo de pescado o carne una vez a la semana.

Dentro del vegetarianismo hay muchas escuelas,

Los vegetarianos, consumen además de frutas y verduras, huevos, leche y otros alimentos derivados de los animales como puede ser la miel.

Los veganos o vegetarianos estrictos, no consumen nada que implique la muerte o la domesticación de un animal llegando incluso a rechazar el cuero y la lana.

Los pesco-vegetarianos, son vegetarianos que consumen pescado.

Los crudiveganos solo consumen vegetales crudos e incluso algunos de ellos no comen productos como el trigo, la soja o el arroz entre otras cosas porque implican modelos de cultivo intensivos y dañinos para el medio ambiente.

Una dieta crudivegana es también la más respetuosa con el medio ambiente, no sólo por los factores indicados anteriormente sino también porque no necesitas de energía para su cocinado ni su refrigeración, pero entendemos que una dieta estrictamente crudivegana puede ser muy limitante. Por eso, con este taller como ya hemos dicho, no pretendemos “convertir” a nadie, sino mostrar recetas sencillas que podemos añadir a nuestras dietas. No se trata de lo que consumimos, sino de lo que dejamos de consumir. Y todo cambio hacia estas dietas es bueno, por pequeño que sea.

Cómo sería una dieta vegetariana tipo:

Desayuno:

fruta o zumos o batido verde (un zumo de manzana y zanahoria ayuda a aquellos que tienen problemas en las mucosas, la piel, caída de cabello y colon irritable)

tostada integral

leche vegetal o yogur (la proteína de la leche de cabra es más similar a la de la leche materna humana, por lo que se recomienda frente a la de vaca).

Media mañana

Fruta, té o un puñado de frutos secos

Comida:

una ensalada o algo crudo. Si puede ser con algo amargo para estimular las secreciones y hacer mejor la digestión (p.ej. escarola o endivia)

pasta integral, legumbres, verdura o cereal

de postre queso, yogur o frutos secos (la fruta siempre es mejor tomarla sola o antes de las comidas)

merienda:

fruta, infusión o galletas integrales

cena:

crema de verduras, ensalada o huevos.

 

La dieta crudivegana:

Antes de iniciar un cambio de este tipo, incluso si queremos ser simplemente vegetarianos, debemos acudir a un nutricionista o naturópata que nos ayude con la transición y que nos enseñe a combinar los alimentos para no tener carencias nutricionales. Nosotros aquí, no hablaremos de esto porque pasa de nuestro conocimiento.

Un crudivegano no consume:

Alimentos cocinados por encima de los 45 grados pues considera que a partir de esa temperatura pierden vitaminas, enzimas y oligoelementos y algunos de estos nutrientes se convierten en toxinas que el aparato digestivo debe trabajar para eliminar.

Alimentos envasados ni procesados, pues podrían contener conservantes y en muchos casos, su proceso de preparación implica temperaturas elevadas.

Alimentos refinados como el azúcar y las harinas blancas.

Cereales y legumbres, a menos que se hayan germinado.

Por supuesto, alcohol, el café, tabaco y otras sustancias tóxicas adictivas.

El crudiveganismo beneficia al organismo:

Se dice que una dieta crudivegana no solo no introduce toxinas en nuestro cuerpo (siempre y cuando consumamos alimentos ecológicos), sino que las elimina. Muchas de las frutas y verduras que conocemos son depurativas. Por tanto, refuerza nuestro sistema inmunitario y al no cocinarse, aporta al 100% los minerales y vitaminas de los alimentos que las contienen.

Las verduras crudas (o también llamadas vivas) aportan oxígeno y agua a nuestro organismo. Esto hace que nuestra sangre esté oxigenada y por tanto no tengamos problemas de fatiga. Consumir crudo permite también que no sean necesarios los dos litros de agua diarios porque ya los estamos consumiendo en los alimentos que ingerimos.

La digestión de estos productos es más rápida que la de carnes o alimentos cocinados, apenas 24 horas, esto evita que exista fermentación dentro de nuestro intestino y pueda producir enfermedades digestivas.

Al ser rica en antioxidantes, mejora la piel y la regeneración de los tejidos de nuestros órganos.

Es un ahorro de tiempo ya que se prepara de manera sencilla y no es necesario esperar el tiempo de cocción.

Solo es necesario masticar bien los alimentos y tener en cuenta las combinaciones (generalmente se recomiendan platos únicos) para evitar tener digestiones más pesadas.

Los utensilios básicos:

Batidora y licuadora, para batidos verdes y zumos.

Mandolina o cuchillo pelador, para cortar en láminas los vegetales.

Robot de cocina, si se tiene puede ser muy útil tanto para cortar, como batir y deshidratar.

Cuchillos y tabla de cortar.

Rompiendo algunos mitos:

Las proteínas: son necesarias en nuestro cuerpo en una cantidad reducida (algunos crudiveganos hablan de solo un 10% de nuestra dieta). La mezcla de diversas proteínas de plantas puede ser una fuente completa de animoácidos que supla a los obtenidos de la proteína animal. De todas formas, el consumo de huevo por ejemplo (si no queremos ser vegetarianos estrictos) es una fuente de proteína animal entre otras cosas muy completa.

El calcio: 100 gr de sésamo tiene aproximadamente 9 veces más calcio que la leche de vaca. También las almendras, avellanas y acelgas tienen proporcionalmente más calcio que los lácteos.

El hierro: las legumbres son ricas en hierro. Deben ingerirse con vitamina C para que sea asimilado por el cuerpo. Algunos alimentos que contienen esta vitamina son el pimiento, el kiwi, las coles, las frambuesas y la calabaza. El café y los alimentos con mucha fibra, en cambio impiden su asimilación.

Las verduras producen gases y malas digestiones:  al contrario, una buena combinación de alimentos permite su rápida asimilación. Además, podemos ayudarnos de sustancias carminativas añadidas a nuestros platos. Albahaca, comino, cilantro, menta, orégano, enebro , hinojo y tomar infusiones con las comidas son buenos aliados. Masticar bien y despacio también ayuda a no producir gases.

Algunas recetas crudiveganas:

Zumo depurativo de apio y pepino

1 pepino

1 rama de apio

1 limón

1 manzana

 

Introducir en la licuadora y beber al momento.

 

DESAYUNO

Batido energético

Un puñado de espinacas

1 plátano

Frambuesas

Leche de almendras si se quiere dar una consistencia más cremosa

Lasaña de calabacín

1 aguacate

1 tomate

1 calabacín

1 manojo de espinacas

Limón

Agua

sal

1 taza de anacardos remojados

Aceite de oliva

Orégano

Tomillo

Pimienta negra

 

1ºCortar las verduras en láminas

2ºPreparar la crema e espinacas batiendo los anacardos con un poco de agua, zumo de medio limón, sal y espinacas.

3ºMontar la lasaña añadiendo capas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

COMIDA

Gazpacho

6 tomates maduros

1 pepino

1 diente de ajo

Aceite de oliva

Sal marina

Vinagre si se desea

1º batir todos los elementos excepto el aceite

2º añadir aceite poco a poco hasta conseguir textura

 

Ensalada marroquí

2 tomates

2 naranjas

1 pepino

rábanitos

Menta

Zumo de 2 naranjas

Aceite de oliva

Sal

 

 

 

 

 

 

 

CENA

Ceviche de lentejas germinadas

1 puñado de lentejas

1 cebolla pequeña

1 zanahoria rallada

½ Pimiento verde picado

1 rama de apio

El zumo de 2 limones

Aceite

Sal

 

Añadir todos los ingredientes en un bol y dejar macerar unos minutos en aceite y limón.

Si se desea se puede servir en hojas de endivia.

 


[1]
Ana Moreno (2010), ¿Por qué vegetariano?, Mundo vegetariano Ediciones.

[2] Jorge Riechmann (2003), Cuidar la Tierra, Barcelona, Icaria:212

[3] http://www.lineaverdemostoles.com/RYAEmodulo4.asp

[4] Ver información al respecto en www.institutodetransicion.rompeelcirculo.org

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