Iniciación a la agricultura regenerativa

Dentro de las nuevas tendencias en agricultura ecológica, una rama interesante a tratar es la agricultura regenerativa. Una técnica que utiliza la metodología de la permacultura  y que dispone herramientas útiles para la producción en ecológico. Desarrollada en Australia por un seguidor de Bill Mollison, Darren Doherty, está dando muy buenos resultados en proyectos de agricultura comercial. Es una tendencia que aúna no solo prácticas tradicionales antiguas con ideas permaculturales, sino que bebe también de otras fuentes como el manejo del terreno en Línea Clave (Keyline Design), el pastoreo racional Voisin, la micorremediación, el Manejo Holístico… entre otros.

Se trata de entender los procesos de la Naturaleza y hacer a partir de ellos un manejo racional de los recursos disponibles entendiendo las relaciones simbióticas que existen entre los diferentes seres vivos que conviven en un ecosistema. Gracias a los avances técnicos y científicos podemos entender cómo funcionan estas relaciones y emularlas. Una cosa es clara, y es la base de toda agricultura ecológica, sea regenerativa, permacultura, biointensiva, natural…: mantener un suelo vivo es mantener la fertilidad. De esta manera, aumenta la fertilidad a largo plazo y puede mantener una explotación agrícola-ganadera sin necesidad de insumos externos ni subvenciones que lo hagan posible.

La agricultura convencional, a base de sus paquetes tecnológicos te hace altamente dependiente de dichos insumos, y no solo eso, sino que al degradar el suelo, cada vez es más necesario invertir más dinero y utilizar más productos de origen químico. La agricultura regenerativa resulta más rentable por dos motivos: porque se reducen los costes de producción (ya que utiliza para dicho aumento de fertilidad lo que ya se tiene a mano) y porque aumenta la producción.

Es una fórmula que no solo pretende regenerar los suelos y hacerlos productivos, algo muy necesario en estos momentos ya que cada día perdemos toneladas de suelo fértil y se prevé un aumento de población en las próximas décadas que puede suponer un problema alimentario global; sino que también  trata de mejorar las relaciones sociales y contribuir al acceso universal de productos de calidad no contaminados, disminuir la desigualdad y mejorar la economía. Ante todo es una técnica democrática, de fácil acceso, sencilla y barata.

Poco a poco comenzamos a darnos cuenta de que la agricultura convencional no es la solución para el hambre en el mundo: requiere de inversiones altas, degrada los suelos y daña los acuíferos, la biodiversidad y la salud de quienes la consumen o viven de ella. La agricultura convencional mata el suelo, y eso es lo que debemos evitar a toda costa. Paradójicamente, la amenaza hoy en día es la llegada del capitalismo verde y la agricultura industrial ecológica, promovida por las mismas empresas que en su día dañaron nuestros suelos  y ahora nos venden paliativos para enmendarlo, pero siguen manteniendo una lógica equivocada. Debemos aprender a tomar conciencia de cómo funcionan nuestros campos y ser dueños de la tecnología y conocimientos a nuestro alcance y no depender de sus insumos.

Las bases de la agricultura regenerativa se asemejan a muchas otras tendencias de agricultura ecológica que dicen que no se debe mantener el suelo desnudo en ningún momento, no se debe arar y sobre todo pretende mantener un suelo rico y biodiverso basándose en lo que llaman las 3M: minerales, microbiología y materia orgánica. Es una técnica que además, innova en la introducción de la ganadería en simbiosis con la agricultura para mejorar la calidad de los suelos.

Entendemos que un buen manejo del suelo no solo nos va a permitir rescatar CO2, sino también cosechar agua y aumentar la biodiversidad.

Pedro para aquellas explotaciones agrícolas que no tengan o no puedan establecer relaciones con explotaciones ganaderas cercanas, existen formas de hacer cultivo regenerativo sin necesidad de el uso de animales.

Una de las técnicas son los semilleros de microorganismos. Su producción requiere de elementos que podemos encontrar de manera sencilla y están a nuestro alcance.

Debemos recoger microorganismos del suelo de una zona cercana a nuestra finca, ya que dichos microorganismos son los más adaptados a nuestro tipo de suelo y climatología. Para ello basta con recoger la hojarasca de un bosque o terreno cercano, en el que una vez levantada la capa más superficial, encontraremos materia orgánica en descomposición con micelio de hongos descomponedores. Cogeremos unas muestras para hacer nuestro semillero y los mezclaremos con 2 partes de un residuo azucarado (preferentemente melaza, aunque también vale miel o agua con azúcar) y una parte de salvado, idealmente de arroz aunque nos vale cualquier tipo de salvado. Este último nos aportará carbono a la mezcla. Mezclaremos bien (las proporciones deben quedar como una masa no demasiado líquida y que se puede formar en terrones que se sueltan con un ligero golpe) e introduciremos en un tanque hermético en el que dejaremos unos 10cm sin cubrir, de manera que el tanque contenga algo de aire. Cerraremos herméticamente y dejaremos fermentar un mes.

Lo que sucederá entonces es que los diferentes microorganismos que en él están contenidos se alimentarán (primero aquellos organismos aeróbicos y, una vez faltos de oxígeno, los anaeróbicos) y cuando les falte alimento se reproducirán dejando en la mezcla sus esporas.

Al cabo de un mes, tendremos una sustancia sólida cargada de esporas de los diferentes microorganismos que había en nuestra muestra de tierra de sotobosque. Esta mezcla podremos introducirla en semilleros (una cucharilla por alveolo), o introducir en el terreno de cultivo.

Otra forma de regenerar terrenos que han sido maltratados por la agricultura convencional y que necesitan de un proceso de reestructuración y recomposición del suelo es la siguiente.

En esta técnica mediante la rotación de leguminosa y cereal se requiere que el suelo no se are y se propone la siembra directa. Se deben usar semillas autóctonas, para lo cual es interesante hacer una prueba antes con algunas leguminosas cercanas plantándolas en nuestro terreno. Aquella que proporcione más biomasa y que contenga en sus raíces mayor cantidad de nódulos será la idónea para regenerar nuestro terreno.

Haremos un primer cultivo con leguminosa que comenzará a atraer microorganismos en el suelo, aportará nutrientes a la tierra y será un perfecto capturador de co2 de la atmósfera, introduciendo carbono y nitrógeno en el suelo. Podemos mezclarlo con semillas de centeno, un cultivo idóneo para zonas degradadas ya que crece en suelos pobres y además tiene un potente sistema radicular que ayudará a desapelmazar la tierra.

Cuando se el momento de la cosecha, podremos recoger el grano si nos intereda y dejar los rastrojos y restos de cultivo en el terreno para que se vaya descomponiendo. Usaremos entonces un tractor de disco (si es un terreno extenso), preferentemente maquinaria ligera para evitar apelmazamiento o sembraremos a mano haciendo surcos en el terreno y plantaremos cereal. Puede ser centeno nuevamente u otro cereal que nos interese. El centeno, además de desapelmazar, puede funcionar como herbicida, ya que coloniza muy rápido. A medida que va mejorando nuestro suelo veremos que en el hay mayor cantidad de materia orgánica, hay mucha biodiversidad, la tierra es cada vez más oscura y esponjosa y hay menos hierbas adventicias.

Estas hierbas funcionan como bioindicadores y nos dicen cómo está nuestro suelo sin necesidad de que tengamos que analizarlo.

Repetiremos esta rotación (leguminosa, cereal) dos veces más. Entre cultivo y cultivo podemos pasar al ganado para que se coma los restos de cosechas y deje en nuestro terreno sus heces, ricas también en nutrientes y microorganismos.

Al cabo de unos años, podremos comparar nuestro suelo con el que teníamos y veremos grandes mejorías.

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