II. Implicaciones de la agricultura industrial. Tierra, residuos y composteras.

Sesión 2:

Implicaciones de la agricultura industrial. Tierra, residuos y composteras.

 1. Estado actual de la agricultura

Técnicas actuales de la agricultura y principales consecuencias de su ejecución

La agricultura industrial

Desde el inicio, a principios de la Segunda Guerra Mundial, del movimiento agrícola conocido como revolución verde, hemos podido presenciar el desarrollo de una agricultura que más que convencional, como se suele denominar, podríamos llamar industrializada. Esto último responde fundamentalmente al empleo de abonos químicos y pesticidas, a la producción de nuevas variedades de aspecto más atractivo y a la progresiva mecanización de la forma de cultivo más practicada: el monocultivo.

Todo lo dicho inicialmente dio lugar a un sorprendente incremento de los rendimientos por unidad de superficie, lo cual hizo creer al sector agrícola que en las futuras generaciones se produciría el mismo efecto. Pero verdaderamente el efecto más inmediato ha sido la necesidad de intensificar el abonado químico y el empleo de productos fitosanitarios, lo que lleva al progresivo enriquecimiento de las industrias dedicadas a la fabricación de los productos citados y a la inevitable degradación del ecosistema.

Posteriormente se ha ido produciendo una disminución de los incrementos de la productividad, especialmente en aquellos países que más tempranamente adoptaron las técnicas de la revolución verde.

Consecuencias de la aplicación de las técnicas actuales

La disminución de los incrementos de las producciones es tan sólo uno de los efectos que surgen de la práctica de la agricultura convencional, a la que hay que sumarle las siguientes consecuencias:

  1. Alto coste energético: Se produce debido a la progresiva disminución de la relación energía obtenida/energía utilizada en su producción, lo cual resulta preocupante si consideramos por un lado que se trata de energía fósil, y por consiguiente agotable en un plazo determinado de décadas, y por otro, que los fertilizantes, fundamentalmente los nitrogenados, son productos de elevado consumo energético.

2.Pérdida de fertilidad y erosión de los suelos: Están causadas por la excesiva explotación a que están siendo sometidos: la utilización de alarmantes dosis de abonos químicos, que ha hecho olvidar el papel fundamental de las aportaciones orgánicas; ha dado lugar a un empobrecimiento de las tierras en humus que afecta a su fertilidad, mullimiento, vida microbiana, estabilidad estructural etc.
La erosión del suelo es un proceso originado por los agentes naturales – vientos, lluvias, aguas, nieves, etc.- que actuando sobre aquél atacan y perjudican su integridad, le arrebatan sus elementos constitutivos que transportan a otros lugares… La erosión inducida es la fomentada por las actividades del hombre interfiriendo en el equilibrio normal entre la formación del suelo y su traslado.

Así, prácticas habituales como la quema de rastrojos han producido y producen impactos duraderos e irreversibles, como la destrucción de la materia orgánica y la microestructura del suelo, y la erosión y la pérdida de fertilidad en la mayor parte de los suelos del área mediterranea; son 6.400 millones de toneladas de suelo fértil las que desaparecen cada año en Europa a causa de la erosión.

Esta asoladora erosión se extiende por el levante español y de forma particular en Andalucía oriental, sobre todo en las provincias de Almería, Granada y Jaén, zonas señaladas de “mayor riesgo” en el mapa mundial elaborado con ocasión de la celebración de la conferencia de Nairobi sobre desertificación de 1977.

En síntesis, la agricultura se convierte en una actividad favorecedora de la erosión de los suelos desde el momento que elimina o reduce la protección vegetal de los mismos y permite que éstos se mantengan desnudos por largos periodos de tiempo, en ocasiones coincidiendo con la máxima virulencia de los agentes erosivos. Y por otra parte, el material erosionado contiene una particular riqueza frente al que queda. Contiene aquél 21 veces más materia orgánica, 2,7 veces más nitrogeno, 3,5 veces más fósforo asimilable y 19,3 veces más potasio intercambiable.

En este apartado juega un papel muy importante la denominada agricultura marginal, que es aquella que se desenvuelve tanto sobre terrenos que no reunen las condiciones necesarias para el aprovechamiento agrícola como en aquéllos donde no se da la necesaria adecuación entre aptitud de los suelos y cultivos y técnicas agronómicas y de conservación.

  1. Problemática del monocultivo: Grandes superficies dedicadas a un solo cultivo debilitan a éste favoreciendo la aparición de plagas y resistencias, y por tanto el abuso de productos fitosanitarios. La explicación de este hecho reside en la introducción a gran escala de las llamadas “Variedades de alto rendimiento” (HYV = High Yield Varieties), que son realmente “Variedades de alta respuesta” para fertilizantes y las técnicas de cultivo extensivas (tratamientos fitosanitarios, mecanización, etc.). Así pues, se presenta una gran homogeneidad varietal con muchos cultivos, sobre todo en los que se emplea semilla híbrida (F1).El uso de estas variedades, obtenidas en los centros de investigación de los países más avanzados, conduce a otras situaciones problemáticas, como son:

    – La alta dependencia económica de los países sin investigación propia respecto de los más desarrollados.
    – La constante pérdida de ecotipos y poblaciones locales de muchas especies de cultivo (sobre todo de hortícolas), que genera la desaparición de futuras fuentes de resistencia a plagas, enfermedades y condiciones adversas.
    – Y por último se da lugar a una importante pérdida de las cualidades nutritivas y organolépticas por la introducción de variedades muy aptas para el procesado industrial o el transporte, con gran resistencia mecánica y uniformidad, etc.

    Pero la problemática del monocultivo no acaba aquí, sino que se extiende con el exceso de mecanización, que debido a sus características repercute en la conservación del suelo y el medio así como en la dependencia económica antes citada.

  2. Contaminación de los recursos naturales y del medio ambiente: Debido al empleo indiscriminado de fertilizantes y todo tipo de productos químicos se presentan los siguientes problemas en las aguas tanto superficiales como subterraneas:- Acumulación de nitritos y fosfatos, que se traduce en una pérdida de la potabilidad.
    – Eutrofización de las aguas continentales y mares costeros, al aumentar hasta niveles nocivos los productos orgánicos e inorgánicos derivados de aguas residuales y fertilizantes agrícolas, originando graves cambios en las características del medio y desoxigenación de las aguas profundas.
    – Salinización de los acuíferos por sobreexplotación de las aguas subterráneas.

    Toda esta problemática se extiende a los suelos de uso agrícola, ya que si las aguas están contaminadas, y las empleamos para el riego, terminaremos por contaminar también el suelo de cultivo.

    El fenómeno de la contaminación atmosférica no se puede separar de los anteriormente mencionados, así como de los efectos de los residuos contaminantes sobre seres animados o inanimados e incluso sobre las propiedades de la atmósfera misma (reducción de la visibilidad, absorción o difusión de la radiación solar y terrestre, alteración del balance de calor del sistema tierra-atmósfera con las posibles influencias sobre el tiempo y el clima locales, etc.).

  3. Pérdida de la calidad natural de los alimentos: Entendemos por calidad toda aquella relacionada con el contenido nutritivo (proteinas, vitaminas, oligoelementos, etc.), con sus características organolépticas (aromas, olores y sabores) y con la simultánea ausencia de productos tóxicos o contaminantes (pesticidas, drogas, etc.). Es decir, no solamente los aspectos puramente externos del producto, aunque estos también puedan tener su importancia .Los abonados desequilibrados y la forma en que éstos se suministran al suelo, como sales solubles y no bajo forma orgánica, modifican profundamente la bioquímica de la planta. Por tanto, los abonos químicos alteran la composición de los alimentos. El uso de abonos nitrogenados puede causar algunos efectos negativos:

    – Disminución del contenido de ácidos esenciales en las proteínas, con un incremento de la proteína bruta debido al aumento del nitrógeno no proteico y de aminoácidos no esenciales. En este sentido, debe recordarse que el exceso de nitrato en el suelo da lugar a la formación de nitritos en las plantas, que posteriormente se transforman en nitrosaminas, es decir, en agentes cancerígenos.
    – Aumento del contenido de nitratos.
    – Disminución del contenido de oligoelementos, por descuidar su aporte o por los efectos antagónicos del nitrógeno y los microelementos; vemos que un exceso de nitrógeno provoca carencias de cobre y toda la “cadena de resonancia” que pertenece al cobre queda perturbada.
    – Reducción del contenido de materia seca por aumento de la cantidad de agua en el protoplasma celular.
    – Disminución de la capacidad de conservación y la resistencia a los parásitos.

    Con respecto al empleo de abonos potásicos, se obtiene:

    – Una reducción del contenido de magnesio, con lo que quedan perturbados muchos equilibrios (Na/Mg, P/Mg, etc.).
    – Una disminución del contenido de oligoelementos, demostrado experimentalmente a través del boro, manganeso y cobre en la hierba, en la soja, etc.

    Las carencias de oligoelementos se van haciendo más frecuentes y los médicos detectan cada vez más enfermedades debidas a aquéllas. Así, en mayo de 1971, en el primer simposio internacional celebrado en Vittel sobre la deficiencia magnésica en patología humana, se concluyó que existía una relación entre la carencia de magnesio y las enfermedades cardiovasculares, depresiones nerviosas, fatigas y cáncer. El cobre, según Voisin que investigó la relación entre el nivel de cobre en el suelo y el cáncer, es otro oligoelemento que desempeña un papel protector contra esta enfermedad. Este agrónomo francés también enunció en 1965 que los modernos métodos de fertilización utilizados en Europa determinarían unas producciones vegetales con minerales en proporciones distintas a las que poseían hace 100 años, lo que fue corroborado en análisis de heno de los prados alpinos austriacos, y en hortalizas.

    También resulta importante destacar que trece elementos minerales necesarios para el crecimiento y desarrollo normal de las plantas interactúan entre sí en el seno del suelo, y la variación importante de uno o más de ellos influirá en la disponibilidad de los restantes.

    En lo que respecta a la toxicidad a través de los elementos, podemos distinguir varios casos:

    – Productos que inicialmente no son tóxicos pero que posteriormente, tras sufrir una serie de transformaciones en el organismo, resultan altamente tóxicos para el hombre. Un ejemplo lo encontramos en la ingestión de nitratos, localizados sobre todo en hortalizas y embutidos, que como ya citaba unas lineas atrás se transforman en nitritos que acarrean grandes problemas de toxicidad, al igual que ocurre con muchos fungicidas (ditiocarbamatos), herbicidas (propanil y cloropropano), etc.

    – También puede ocurrir que aparezca en el producto alguna impureza más peligrosa que el producto mismo, como es el caso de la dioxina que se puede formar espontáneamente por la acción del calor sobre el producto mismo antes de utilizarlo, o en el producto ya aplicado, por la acción del sol o del fuego sobre las hierbas ya muertas. Este veneno generalmente está presente en herbicidas frecuentemente utilizados y resulta ser acumulativo y fuertemente teratógeno.

    – Otra forma de toxicidad se da por sinergismos entre dos o más productos, como ocurre con el carbaryl, que al combinarse con nitratos da nitrosocarbaryl (potente cancerígeno) o con el DDT , cuyo efecto acumulativo, por ejemplo en el hígado y grasa de personas, ha sido más evidente en el caso de individuos muertos por cáncer hepático con metástasis.

  4. La repercusión del desarrollo de la agricultura industrial sobre la sociedad: El acuciante aumento de las inversiones en maquinaria, combustible y productos químicos, sin contar con los costos intermedios, junto al alto interés bancario, dan como resultado el constante deterioro del beneficio real para el agricultor, cuyo poder adquisitivo se ve enormemente mermado. Este es el proceso que se ha desarrollado en Europa durante los últimos setenta años, en los que el poder adquisitivo de los agricultores se ha visto reducido en una media del 30%.Así, este modelo agrícola lleva consigo lo que podríamos llamar “la huída del campo”, que genera a su vez una grave disminución del empleo agrícola.
  5. Agricultura ecológica y soberanía alimentaria

Soberanía alimentaría es el derecho de los pueblos a definir su política alimentaría, producir y distribuir los alimentos, la cantidad y calidad que necesitan, de acuerdo a su cultura y cosmovisión.

Los consumidores de todo el mundo estamos asistiendo a una escalada de precios en los alimentos básicos, disparatada en el último año, creando unas condiciones de vida muy difíciles para las comunidades más necesitadas especialmente en los países más empobrecidos.

El precio del petróleo influye en ello. La Política Agrícola Común de la Unión Europea, los restricciones a la exportación impuestas por la Organización Mundial del Comercio y el boom de los biocombustibles impuestos por los Estados Unidos y la Unión Europea están reduciendo los cultivos destinados al consumo humano, favoreciendo el uso de los alimentos como combustible y los movimientos especulativos de los alimentos.

Existe una necesidad urgente de buscar alternativas y soluciones a esta situación y una de las más importantes reside en las experiencias de las agriculturas locales.

Una de las organizaciones campesinas con mayor repercusión global como es Vía Campesina, mantiene que para proteger las necesidades vitales, los puestos de trabajo, la salud de las personas y al medio ambiente, la alimentación debe permanecer en manos de los pequeños campesinos sostenibles, y no puede dejarse bajo el control de las grandes compañías de agro-negocios o de las cadenas de supermercados. Ya que la agricultura industrial no nos provee de comida saludable, y deteriora más fuertemente el medio ambiente, generalizando el uso de semillas modificadas, abonos químicos y grandes programas de riego. Por ello afirman que esto no va a resolver la crisis alimentaría, muy al contrario, la agudizará.

Recientes estudios publicados muestran como las pequeñas explotaciones campesinas ecológicas son al final tan productivas como las explotaciones campesinas convencionales, e incluso algunas estimaciones sugieren que la producción global de alimentos podría incluso incrementarse más del 50% con agricultura ecológica.

 

Frente al modelo agroalimentario industrial al servicio de las empresas multinacionales que controlan toda la cadena alimentaria, proponemos el consumo de alimentos producidos con métodos sostenibles en el ámbito local. Consumiendo alimentos de temporada, buscando formas de compra que garanticen un precio justo al campesinado y favoreciendo la red de comercio a pequeña escala y cercano, estamos contribuyendo directamente a hacer posible una vida digna para los campesinos y campesinas y para el conjunto de la sociedad.

  1. Abuso de la tierra y gestión de residuos. Funciones de una tierra sana.

Dicen los estudiosos que muchas de las grandes civilizaciones desaparecieron cuando sus suelos dejaron de ser fértiles. Y no es de extrañar. El suelo es el estómago de las plantas y sin él la mayoría no pueden vivir.

¿Qué es el suelo?

Es la capa superficial de la corteza terrestre y se caracteriza por tener una estructura formada por una mezcla de restos minerales y materia orgánica. Sin material orgánica no hay suelo.

En el suelo hay millones de microorganismos, la mayor parte demasiado pequeños para que los podamos ver, que se encargan de transformar la materia orgánica y mineral para que las plantas se puedan alimentar. No todos los suelos son iguales, dependen de la roca que los ha formado y del clima de la zona.

Para poder captar los nutrientes del suelo, las raíces han de desarrollar un sistema radicular lo más amplio posible. Pero para ello, es necesario que la tierra apenas ofrezca resistencia, es decir, que no esté compactada. Además de que permita circular el agua y el aire.

¿Cómo se crea suelo?

Para que haya suelo se requiere la presencia de materia orgánica. En la formación del suelo se dan simultáneamente dos procesos. Por una parte, la roca, materia mineral, se descompone en partículas cada vez más pequeñas: la arena, el limo y las arcillas. Por otra parte, la materia orgánica llega al suelo, ya sea de origen animal o vegetal, y se descompone principalmente por la acción de microorganismos. Esto, unido al agua y el aire componen la tierra más adecuada para nuestras plantas.

Determinando la textura del suelo:

Arenoso, limoso o arcilloso. La arena mejora la circulación del agua y del aire y facilita el trabajo del suelo, el limo ayuda a una distribución homogénea de la humedad dentro del suelo y a que se mantenga durante más tiempo y la arcilla es la responsable de la estructura del suelo y funciona como una despensa para los nutrientes.

Los suelos arenosos tienen textura de lija.

Los suelos limosos tienen textura de fango.

Los suelos arcillosos tienen textura pegajosa.

Otro elemento a tener en cuenta es el ph. Esto es lo que determina si estamos ante una tierra ácida o básica. Es muy difícil cambiar el ph del suelo, por ello, lo único que nos interesa es que si nuestro suelo tiene un ph por encima de 6.5 solamente tendremos que añadirle materia orgánica como fertilizante, pero si está pro debajo de 6.5 tendremos que ayudarle con algún tipo de enmienda cálcica. La mayoría de las plantas crecen adecuadamente en un ph entre 6 y 8, siendo las patatas, fresas y otros frutos del bosque, por ejemplo, los que pueden crecer en terrenos más ácidos y las bassilicas como la rúcula en terrenos más alcalinos.

Se puede medir el ph con un medidor pero también podemos fijarnos en las plantas que crecen en nuestro huerto.

Abuso de la tierra:

La abundancia de bienes de consumo, continuamente producidos por el sistema industrial, es considerada frecuentemente un símbolo de éxito de las economías capitalistas modernas. Sin embargo, esta abundancia pasó a recibir una connotación negativa, siendo objeto de críticas que consideran el consumismo uno de los principales problemas de las sociedades industriales modernas. Los bienes funcionan como manifestación concreta de los valores y la posición social de sus usuarios. Podemos llamar consumismo a la expansión de la cultura del tener en detrimento de la cultura del ser.

Un dato, el 20% de la población mundial, que habita principalmente en los países afluentes del hemisferio norte, consume el 80% de los recursos naturales y la energía del planeta. Produce más del 80% de la polución y la degradación de los ecosistemas. Por consiguiente, el 80% de la población restante consume sólo el 20% de los recursos.

Poca gente conoce los orígenes de lo que consumimos. El consumo se ha trivializado y se ha convertido en una acción de pura inercia. Una inercia producida por los grandes sistemas de influencia comercial. Los medios de comunicación son ahora los grandes inductores al consumo. A la hora de escoger un determinado producto, la influencia de éstos resulta mucho más relevante que otros factores que deberían priorizarse.  Desde aquí proponemos reflexionar sobre nuestras acciones cotidianas. Éstas son una gran prueba de nuestra responsabilidad individual frente al medio ambiente.

La cantidad de materiales que entran a interaccionar con nuestro hábitat de forma directa o indirecta, es muy elevado. Este es uno de los factores más significativos de nuestro modelo cultural consumista. La acumulación de bienes manufacturados se convierte en un hecho definitorio de la jerarquía social. De esta manera, se potencia el consumo acelerado de productos, que cada día tiene una vida más corta. La naturaleza del mercado obliga a la rápida reposición de los productos que se ofrecen y este modelo propicia la producción de grandes volúmenes de residuos. De hecho, se ha calculado que cada día se producen más cantidad, en peso y volumen, de residuos que productos manufacturados.

Muchos de los residuos que producimos en nuestras casas pueden evitarse con un consumo responsable y unas prácticas sencillas de compostaje casero de los residuos orgánicos. En la mayoría de los casos, nuestra preocupación por los residuos se limita a deshacernos de ellos o como mucho meterlos en los contenedores de reciclaje correspondiente. Pero ya no se trata de reciclar, sino de obtener una consciencia de reducción de consumo y producción de residuos. La triple R (reciclar, reutilizar, reducir) se convierte ahora en las 7Rs: rediseñar, rechazar, reducir, reutilizar, reparar, reciclar, reintroducir. Por ejemplo, si evitamos los embalajes superfluos, los envases no biodegradables y los productos de un solo uso estaremos reduciendo en gran manera la producción de residuos inorgánicos.

La sobreexpltación de la tierra es lo que ha llevado a la desertificación en muchos casos. Para poder disfrutar de una tierra a largo plazo hemos de cuidarla e intentar manter su equilbrio el mayor tiempo posible. Por eso la idea de que es necesario crear suelo más que perderlo. El otro día hablábamos de la necesidad de cerrar círculos, de devolver a la tierra lo que le hemos quitado y uno de los círculos más sencillos es el de los alimentos. (…) Así pues, hoy vamos a crear un vermicompostador en que que podamos depositar nuestros residuos de cocina orgánicos y restos de periódicos viejos. Esto aligera en gran medida la cantidad de residuos que creamos al año.

  1. Práctica:

Creación de composteras con palés:

Los palés tienen el tamaño indicado para hacer compsoteras, además de que sus huecos permiten la aireación. Miden al rededor de un metro cuadrado y su consrucción es muy sencilla. Se pondrá un palé de base, para evitar que el composts toque el suelo y se humedezca demasiado (recomendado sobre todo para lugares con climas húmedos) y tres palés en los laterales. La última pieza funcionará de entrada. Colocaremos tres estructuras similares juntas. A la hora de utilizarlo, llenaremos primero uno. Cuando sea el momento de airear el compost, lo volcaremos directamente sobre el palé contiguo. Esto nos ahorrará trabajo. Este sistema se llama sistema de compost en etapas. Hay que mantener condiciones de humedad y temperatura regulares. Por eso, una buena opción es colocar las composteras bajo un árbol de hoja caduca, de forma que tendrá sol en invierno y sombra en verano. También es bueno cubrir las composteras con un plástico para evitar que se humedezca demasiado con las lluvias y que se reseque durante los largos períodos de calor. Este sistema puede tardar entre 6 meses y un año en darnos compost.

¿Qué necesita un buen compost?

Haremos esta vez dos tipos de compost cuya particularidad es la rapidez, claro que requieren mayor trabajo.

Vermicompost: Aunque podría utilizarse cualquier otro elemento, nosotros utilixaremos una bañera y la cubriremos con una puerta para darle sombra y evitar que se moje. Simplemente hemos de depositar un puñado de lombrices, con el propio humus que traen e ir añadiendo residuos secos (cartón, serrín, ramitas triutradas, papel…) y húmedos (restos orgánicos preferiblemente no cocinados). Las lombrices harán su trabajo y en unos meses podremos disponer de humus de lobriz, un excelente abono para la tierra. Es preferible no echar restos de cítricos, pues son antibióticos y no abusar de las cáscaras de plátano, ya que son demasiado fibrosas y son difíciles de digerir por las lombrices. Podemos añadir cáscara de huevo triturada. Esto no es digerido por las lombrices, pero aportará calcio a nuestro compost.

Comspot rápido: La clave para la realización de este compost es que la pila debe alcanzar un metro cúbico. Colocaremos sobre una primera capa de paja, una de hierba fresca y otra de estiércol y continuaremos el proceso hasta alcanzar el tamaño adecuado. Es importante que la forma sea cilíndrica y que mantenga siempre el misma forma, ya que escapes de materia por los lados son una forma de escape de calor. Tras cada capa, humedeceremos la pila hasta que rezume por los costados. Para finalizar, hemos de cubrirla con un plástico de la misma manera que hicimos con las composteras por etapas. Tras 4 días hay que removerlo, la parte exterior hacia dentro y la interior hacia fuera. Tenemos que controlar la temperatura, ya que si supera los 75ºC el compost perderá propiedades. En cambio, si no supera los 65º, no conseguiremos acabar con las bacterias perjudiciales y las semillas, que germinarán entre nuestro compost o una vez echado a nuestra tierra, provocando la proliferación de hierbas adventicias.  A partir de la pirmera vez que se remueve, ha de removerse cada dos días hasta que veamos que la mezcla se ha convertido en tierra y huele como tal. Para ayudarnos a mentener la forma, podemos hacerlo dentro de una malla de gallinero.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *