Ideas para salvar el huerto ante las olas de calor

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Los meses de verano son un momento delicado para las plantas, ya que tanto la inclinación del sol como el hecho de que los días sean más largos hacen que las horas de sol y su incidencia sean más acuciantes y como consecuencia las plantas puedan llegar a debilitarse. Además, es curioso cómo desde hace unos años, se ve necesario proteger más cuidadosamente el huerto en verano debido a las altas temperaturas. Como consecuencia de un cambio climático ya visible, que hace que las temperaturas en verano sean más altas pero inestables (episodios de olas de calor seguidas de momentos de bajas temperaturas), el huerto en verano ha de ser vigilado constantemente. El truco principal, como decimos siempre, es la observación y la técnica del ensayo-error. Observando las interacciones de nuestro huerto y las consecuencias de la climatología y la respuesta de este ante las condiciones adversas, iremos probando sistemas hasta dar con el más adecuado para nuestro terreno o terraza.

En cuanto a las terrazas, hay que tener en cuenta que sus características son de condiciones más extremas: en las ciudades hace más calor, los contenedores son más pequeños y por tanto la evaporación es mayor, la piedra y el hormigón hacen que durante la noche se siga manteniendo la temperatura alta….

Para analizar el sistema de nuestro huerto tenemos que tener en cuenta todas sus dimensiones. Algunas de las consecuencias del calor pueden ser:

La floración prematura y la maduración de los frutos antes de que la planta llegue al tope de su crecimiento, mermando así la producción y dejando las plantas demasiado pequeñas. Por ello, es importante que nos ciñamos a los tiempos de plantación. Por lo general, a finales de mayo el huerto de verano debería estar plantado al completo y bien abonado, para permitir que la planta crezca lo suficiente antes de que llegue el calor fuerte. Si aun así el calor nos ha sorprendido, como ha pasado este año, antes de que pudiésemos plantar todo, podemos eliminar las primeras flores para indicar a la planta que debe seguir creciendo y que aún no es momento de producción.

El estrés hídrico, propiciado por un exceso de transpiración de sus hojas para regular la temperatura es quizás uno de los factores más importantes a tener en cuenta y también de los más visibles. Del mismo modo que nuestro cuerpo reacciona ante el calor con el sudor, las plantas lo hacen también, por lo que consumen más agua y al tener que dedicarse a mantener su temperatura, ralentizan su crecimiento. Sabremos que una planta sufre estrés hídrico porque sus hojas se contraen y comienzan a marchitarse. Por ello, el riego controlado es fundamental. Siempre será mejor un riego abundante y espaciado en el tiempo que muchos riegos cortos y frecuentes. Esto favorece un buen desarrollo radicular y permite que las raíces profundicen más en busca del agua acumulada en el subsuelo. Además ayuda a la planta a buscar más nutrientes y  a que esté bien agarrada al terreno en caso de fuertes vientos.  En el caso de huertos en terrazas, esto no es posible en muchos casos, ya que el fondo de nuestras macetas es el que es. Por ello, os dejamos aquí algunas recomendaciones respecto al riego para huertos en terrazas:

  • Vigilar los materiales de nuestras macetas: una maceta de barro es la que mejor regula la temperatura, pero tiene un inconveniente en verano, su capacidad de transpiración hace que ante altas temperaturas, absorba el agua de la tierra y lo expulse hacia fuera, por lo que será necesario que el riego sea más frecuente. Si no queremos trasplantar nuestras plantas a macetas plásticas, podemos utilizar maceteros que eviten que el sol incida directamente sobre el barro o cubrirlas con algún tipo de material aislante como lana, telas, brezo o paja y cartón. Lo ideal para nuestro huerto serán siempre el uso de madera o plástico (teniendo en cuenta que el plástico también puede hacer que las raíces se calienten demasiado y por tanto, habrá que regar con más frecuencia).
  • Cuanto mayor sea nuestra maceta, más capacidad de retención de agua tendrá y por tanto, menos frecuentes podrán ser los riegos.
  • El uso de bandejas o platos con agua bajo las macetas nos ayudarán a regular la humedad de la tierra cuando no estemos en casa.

Otro factor a tener en cuenta a la hora de regar es la temperatura del agua. No debe estar ni muy fría, para evitar los contrastes de temperatura de las raíces, ni caliente.  Y como antes indicábamos, evitar el riego a pleno sol.

Una buena cobertura sobre la tierra permitirá que este estrés hídrico no sea tan agresivo, ayudará a mantener estable la temperatura del suelo y evitará la proliferación de hierbas adventicias. Sea hecho de corteza, piedras pequeñas, restos de poda triturados o de paja, cualquier cobertura muerta puede sernos muy útil. Cuanto más alta sea la cobertura, mayor capacidad de retención de agua y mayor protección contra las hierbas. Pero también podemos utilizar los propios cultivos para sombrear la tierra. Melones, sandías, calabazas y otras plantas rastreras pueden hacer la función. Una siembra abundante y bien planificada, puede hacer que el sol nunca llegue a incidir directamente sobre la tierra y nos puede permitir incluso que ciertos cultivos que no necesitan luz abundante en verano crezcan a su sombra, como es el caso de las lechugas entre las coles o las tomateras.

Un abonado equilibrado favorecerá la vida bacteriana del suelo, aumentando la retención de agua y la capacidad de asimilación de nutrientes de las plantas. Además, si queremos mantener la producción durante el mes de agosto y septiembre, no viene mal un aporte extra de compost a mediados de verano alrededor de los tallos de las plantas más esquilmantes (tomateras, calabacines, berenjenas…). Recordemos que es interesante que el abono que utilicemos sea rico en nitrógeno cuando la planta comienza su crecimiento, mientras que en el momento de floración preferiremos un abono rico en potasio.

Las plagas de insectos fitófagos se reproducen más frecuentemente con la llegada del calor, y es necesario estar muy alerta para controlar la plaga antes de que sea demasiado tarde. En general, lo mejor es siempre anticiparnos a ellas y utilizar remedios preventivos para evitar que las plantas puedan ser atacadas por estos insectos. Uno de las mejores formas es siempre mantener la tierra con un nivel de humedad adecuado y una buena y completa nutrición. Además, existen remedios naturales para fortalecer las plantas. Una buena mezcla es utilizar cola de caballo con purín de ortiga (10/10/80 de agua) justo antes de que comiencen a elevarse las temperaturas pulverizando sobre las hojas, reaplicando la mezcla cada 15 días para mantener las plantas protegidas. También podemos rociar la tierra para mantener la flora microbiana y evitar que proliferen las posibles larvas que hayan quedado aletargadas durante el invierno. Por lo general, un terreno que haya tenido una plaga el año pasado, es posible que mantenga sus larvas en el mismo lugar y que con la llegada del calor, se desarrollen y den lugar a una nueva planga.

Una de las especies que más afecta en verano en la zona centro de la península es la araña roja, potenciada por la mezcla de la sequedad del ambiente y las altas temperaturas. Por eso, mantener la tierra húmeda y rociar de vez en cuando las hojas con agua pulverizada nos puede ayudar a prevenirla. Pero rociar las hojas con agua puede tener sus consecuencias también: por un lado, si se hace en momentos en los que el sol está alto y puede producir efecto lupa sobre las plantas y quemarlas, y por otro, si se hace demasiado tarde, es posible que el exceso de agua no consiga evaporarse siendo hábitat idóneo para hongos perjudiciales. Por ello, tanto si aplicamos cualquier remedio natural como si echamos simplemente agua, deberemos hacerlo a una hora adecuada, hacia la caída del sol pero no al anochecer.

Si la plaga de araña roja ya existe y la prevención no ha funcionado, una mezcla de jabón de potasa con maceración de ajo puede funcionar. Y si la plaga ha proliferado demasiado y corremos el riesgo de quedarnos sin producción, siempre podemos recurrir al uso de azufre, permitido en agricultura ecológica pero que nosotros recomendamos como último recurso.

Para más información sobre preventivos y remedios naturales ver: cómo hacer jabón de potasa e insecticidas naturales y purines y otras recetas para nuestras plantas.

En cuanto al exceso de sol, además de los trucos que hemos dado, también podemos considerar poner una malla de sombreado sobre ciertos cultivos que sean más sensibles a la incidencia directa del sol. Sobre todo se recomienda para los tomates y los calabacines. A menudo vemos tomates rajados o calabacines en forma de botella que amarillean por la punta antes de alcanzar su momento óptimo de recolección. Esto se debe al exceso de luz solar y la falta de agua. Colocar una malla nos puede ayudar a paliar estos síntomas, pero también hemos de tener en cuenta la cantidad de sombra que van a dar, ya que muchas plantas, ante la falta de luz, pueden bien detener su crecimiento o bien volverse más frondosas para intentar captar mayor cantidad de luz con sus hojas. Si esto nos sucede, es que nuestra malla es demasiado tupida y debemos o bien quitarla o buscar una que permita pasar mejor el sol. Mallas como las utilizadas para la recolección de las aceitunas son de las más útiles para este caso.  Es importante que la malla se coloque como un toldo, de manera que solo evite el sol del mediodía pero no el del amanecer y atardecer, que son menos nocivos.

Por último, recordar que si no vamos a estar en ciertos momentos del verano, no solo hay que tener en cuenta el riego sino también el control de adventicias, ya que dejar en el huerto una adventicia en periodo de floración puede ser fatal, pues corremos el riesgo de que produzca semilla y esta caiga al suelo sin que nos demos cuenta. La consecuencia será una invasión de esta planta al año siguiente.

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