Hacia dietas menos cárnicas

Recetas propias de principios de octubre

En esta entrada:

Pan de avena

Ensalada de espinacas

Guacamole

Zumo de granada y naranja

Existen muchas justificaciones para ser vegetariano, pero a la mayoría de la gente, el vegetarianismo, veganismo y ya no decir el crudiveganismo le produce rechazo. Hemos vivido durante las últimas décadas en la cultura de la carne y parece que ésta debe existir en nuestra dieta sí o sí porque si no, no estamos bien alimentados. Pero si pudiésemos preguntarle a nuestros abuelos qué es lo que comían cuando eran niños, raramente alguno diría que su dieta estaba basada principalmente en la carne.

Los vegetarianos dicen que nuestro cuerpo está diseñado para llevar una dieta principalmente vegetariana: nuestras mandíbulas aunque más pequeñas, son más semejantes a las de los herbívoros que a las de los carnívoros, tenemos glándulas que segregan saliva para la digestión de los hidratos de carbono (no para la carne), nuestro estómago posee un PH más alcalino que el de los carnívoros y la carne es un alimento que acidifica nuestra sangre. Nuestro intestino es más largo que el de los carnívoros y por tanto tarda más en evacuar los restos de carne, y nuestra flora intestinal no está preparada para evitar la putrefacción…[1]

Además, uno de los motivos principales por los que la gente se convierte a vegetariana es el maltrato animal que sufre el ganado destinado a consumo humano. Las condiciones carcelarias y alienantes en las que viven la mayoría de estos animales, la alimentación basada en piensos de mala calidad y muchos de ellos hechos de harinas de huesos para alimentar a herbívoros, la separación de las crías de sus madres para sacrificarlos… si viésemos una granja de aves industrial, nos haría cuestionarnos mucho nuestro modelo alimenticio…

Pero como Instituto de Transición, queremos ir más allá y proponer este taller ya no por lo dicho anteriormente, que también, sino por los beneficios ambientales y la coherencia con un el modelo de civilización que estamos buscando. Una dieta adecuada al mundo irreversiblemente finito en el que vivimos.

Y es que “solo con la reducción de la cantidad de carne ingerida por las poblaciones del norte, liberaríamos recursos suficientes para alimentar sobradamente a la población máxima de la tierra en el siglo XXI”. Un 36% del cereal mundial se destina a la alimentación del ganado”[2].  El consumo de carne añade un paso más en la cadena para obtener el alimento, ya que es necesario producir antes los cereales y piensos que consumen los animales. En un m2 de tierra se pueden producir 26 veces más proteínas si en ella se cultivan productos para el consumo humano y no pastos para el ganado.

En un mundo en que según la FAO perdemos al año 24.000 millones de toneladas de  suelo fértil debida a la desertización, la agroindustria y la intoxicación de las tierras con metales pesados y productos químicos, es algo a tener en cuenta. Producir 10 cm de suelo fértil necesita de manera natural 2000 años.

El agua es otro factor importante, cada año perdemos grandes cantidades de agua dulce. La contaminación de aguas por algas nocivas derivadas de la agricultura industrial, el cambio climático y la desertización por baja pluviometría está a la orden del día. Se espera que para el 2030 la demanda de agua supere la oferta si no cambiamos nuestras pautas de consumo[3]. Según la FAO, producir un kilo de carne de vaca necesita 15.500 litros de agua, 1 kg de carne de cerdo 4.800l… en cambio, 1 kg de patata solo necesita 900 litros, y 1 kg de trigo 1300. La diferencia es considerable.

Además, la industria cárnica es uno de los principales causantes del aumento de contamiantes emitidos a la atmósfera, un estudio de la FAO de 2013 indica que la producción de carne es responsable del 14,5% de las emisiones de CO2 a la atmósfera y por tanto, tiene “un papel muy importante en el cambio climático”.

Los beneficios para la salud de una dieta principalmente vegetariana también influyen indirectamente en el medio ambiente. Enfermedades propias de este siglo como la diabetes, la obesidad, el estreñimiento o el colesterol, generalmente tratados con medicamentos químicos que se evacuan en nuestros inodoros a través de las heces y contaminan mares y acuíferos, podrían evitarse con dietas más ricas en frutas y verduras. Por poner algún ejemplo, frente a las grasas saturadas de los alimentos cárnicos, las verduras poseen grasas insaturadas, las “grasas buenas”, que nos pueden prevenir de desarrollar problemas cardiopáticos; el alto contenido en fibra de estos productos, evita el estreñimiento, el colesterol y las hemorroides; son ricos en potasio, que contrarresta la acción del sodio evitando la retención de líquidos…Y una dieta saludable, previene en general de muchas enfermedades y con ello, evita nuestra necesidad de depender de un sistema sanitario estatal que podría deteriorarse ante una crisis global como la que podemos vivir en unos años. [4]

Ante todo, no se trata ahora de convertirnos al 100% al vegetarianismo, no todo el mundo está preparado para llevar una dieta tan estricta, pero sí de ir incorporando a nuestro día a día, platos puramente basados en verduras y frutas. Podemos avanzar en la medida que vayamos viendo. Para nosotros, una dieta ideal y sostenible estaría basada en alimentos vegetales a diario y algo de pescado o carne una vez a la semana.

 

RECETAS VEGETARIANAS SENCILLAS

Zumo de granada y naranja

La granada es un cultivo de otoño con propiedades antioxidantes, antiinflamatorias, antisépticas y astringentes. Actúa como desinflamatorio de la mucosa intestinal y se utiliza en el tratamiento de flatulencias, cólicos intestinales y diarreas.  Puede consumirse tanto en zumos como en ensaladas, salsas, carne de ave y pescado.

La naranja contiene muchas propiedades, entre las cuales destacamos  su alto contenido en vitamina C, es antioxidante, estimuladora del sistema nervioso y diurética. Resulta eficaz contra el insomnio, los calambres y la fiebre. Se utiliza en la prenvención de anemia al combinarla con otros alimentos ricos en hierro, ya que ayuda a la asimilación de esta sustancia. Combina bien con pollos y mariscos y suele utilizarse en ensaladas, salsas y aliños.

El zumo de granada y naranja es una combinación perfecta como desayuno durante el mes de otoño, ya que refuerza nuestras defensas previniendo los resfriados además de ser un potente antioxidante. Podemos mezclar nuestro zumo con un poco de manzana o de zanahoria para ampliar sus propiedades y convertirlo en un buen aliado depurativo apropiado después de los excesos del verano.

Usar una granada (puedes usar licuadora para extraer más facilmente el jugo) y tres naranjas.

Ensalada de espinacas con nueces y queso de cabra

Las espinacas son fundamentales en la prevención de anemia por su alto contenido en hierro entre otros minerales importantes para nuestro organismo como el magnesio y potasio. Al igual que la zanahoria contiene betacaroteno, por lo que reduce las enfermedades oculares y regula la tensión arterial gracias a su alto contenido en potasio y bajo contenido en sodio.

Las nueces son un fruto seco, fuente de proteínas de origen vegetal y rico en ácidos grasos poliinsaturados como el conocido omega-3, por lo que ayudan a reducir el colesterol en sangre. Contienen también antioxidantes, ácido fólico y melatonina, por lo que mejoran la salud mental y son antidepresivos naturales. Además, su consumo regular incrementa las capacidades cognitivas.

El queso de cabra es más fácil de digerir que otros productos lácteos derivados de animales como la vaca, ya que contiene menos lactosa y la leche de cabra es más semejante a la leche materna que otras así que es más fácilmente asimilable. Es fuente de calcio y proteínas en mayor medida que el queso de vaca y es más bajo en calorías y colesterol.

La ensalada propuesta es una combinación perfecta de vitaminas, minerales, proteínas y grasas beneficiosas para el organismo, además de que su combinación es una mezcla muy interesante de colores, sabores, texturas y es una delicia al paladar. Podemos añadir además unos granos de granada para darle un toque de color y sabor endulzado a la mezcla que combina muy bien.

Guacamole

Es una buena receta para irnos iniciando en los cultivos de otoño y acabar con los últimos tomates de la temporada.

El aguacate es una fruta de otoño que contiene vitamina E, ácido fólico, omega-3 y potasio entre otros. Es un fruto bastante graso que nos aportará mucha energía.

El tomate es rico en vitamina C, ayuda a eliminar toxinas, protege la piel de los rayos ultravioletas y reduce el colesterol.

La cebolla contiene minerales no fácilmente encontrados en otras verduras como por ejemplo el azufre. Además, contiene fósforo, hierro, sodio y calcio.  Es muy bueno para mejorar afecciones respiratorias por lo que es un buen aliado del otoño.

El cilantro es antiinflamatorio, antibacteriano y ayuda a reducir el colesterol “malo”. Además, previene las flatulencias  y ayuda a combatir la anemia.

El limón es un magífico antioxidante (de hecho en esta receta lo utilizaremos para evitar que el aguacate se oxide rápidamente). Es rico en calcio, magnesio y vitamina C. Contiene ácido ascórbico, por lo que además es un buen conservante.

Picar medio tomate, media cebolla y unas hojas de cilantro. Mezclar con el aguacate bien aplastado, añadir sal y un chorrito de limón.

Pan de avena

Combinaremos nuestro guacamole con un poco de pan de avena. Un tentempié de media mañana muy nutritivo y rápido de preparar. Esta receta nos ayudará a deducir el consumo de pan blanco.

La avena es depurativa, controla los niveles de azúcar en sangre y contiene grandes cantidades de fibra. Además, al poseer hidratos de carbono, mantiene la sensación de saciedad durante más tiempo. Posee proteínas vegetales. Al no ser un cultivo de consumo de masas, es más probable encontrar avena de semillas no modificadas como puede ocurrir por ejemplo, con el trigo.

El huevo es la mejor forma de consumir proteína de origen animal. Tiene altos contenidos de vitaminas y minerales y aunque expertos señalan que es perjudicial para la gente con problemas de colesterol, su contenido en grasas insaturadas es mayor que el de grasas saturadas (en torno al 10%). Si consumimos huevos de origen ecológico, no sólo estaremos reduciendo la ingesta de hormonas (que se añaden al pollo para su engorde) sino que además, estaremos contribuyendo a que la vida de las gallinas sea respetada, con unas condiciones de alimentación y hábitat adecuadas y, a la vez, sostenible con el planeta.

[1] Ana Moreno (2010), ¿Por qué vegetariano?, Mundo vegetariano Ediciones.

[2] Jorge Riechmann (2003), Cuidar la Tierra, Barcelona, Icaria:212

[3] http://www.lineaverdemostoles.com/RYAEmodulo4.asp

[4] Ver información al respecto en www.institutodetransicion.rompeelcirculo.org

 

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