Favorecer la biodiversidad: plantas compañeras

El huerto ecológico se diferencia del huerto convencional en muchísimas cosas, pero la que queremos destacar con este taller es el tipo de enfoque o de mirada con la que nos acercamos al huerto. La ecología es esa ciencia que estudia las relaciones entre los elementos de un ecosistema, sus interacciones positivas o negativas, los ciclos de elementos que están presentes, las funciones que cumplen… Para nosotros, esto supone varias cosas:050420161583

  • El conjunto no es igual a la suma de sus elementos. 3 tomateras y 3 plantas de judías cultivadas juntas no es lo mismo que 3 tomateras y tres plantas de judías por separado.
  • El suelo no sólo un soporte para nuestras plantas, sino que tiene su propia vida. Lo hemos destacado muchas veces y es una de las razones por las que hemos afirmado que cuanto menos lo alteremos, a menos cambios someteremos a toda esa vida que se ha desarrollado en ella.
  • Muchas de las plagas y de problemas de la huerta se deben a un desbarajuste ecológico. Quisiera insistir en esto, porque es muy habitual que utilicemos todo tipo de pesticidas, sean de origen natural o no, para combatir las plagas. Esto puede servir a corto plazo y dependiendo de la plaga, pero no arregla el problema. Nuestro huerto sigue teniendo este desequilibrio que derivará en nuevos problemas futuros e incluso no hemos permitido que el ecosistema se equilibre por sí mismo. Ahí tenemos el ejemplo del pulgón, por ejemplo, para el que el mejor remedio es que tenga un depredador (ya sea la famosa mariquita, pero hay otros insectos que podrían ejercer esa función). Sin embargo el depredador no vendrá por que sí, por lo que hay que tener cierta tolerancia a la presencia de “insectos perjudiciales” para invitar a sus depredadores.

¿De qué trata este taller?

Este taller viene a ser una continuación de los que hemos realizados sobre asociaciones de cultivos con un enfoque un poco más amplio, intentando relacionar la huerta con su entorno (árboles, flores, flora y fauna silvestre…)

Hablaremos de los efectos que se provocan bioquímicamente las plantas entre sí, así como de las plantas que alojan ciertos insectos auxiliares que tienen un efecto positivo para nuestras plantas (o negativo, que también las hay). En la actualidad es un foco de conocimiento en expansión: conceptos como el agroecosistema, el seto diversificado, las franjas o bandas florales, la agroforestería…

Algunas indicaciones previas antes de asociar

Sabemos que mezclar las plantas cultivadas acrecienta la diversidad vegetal y – por tanto – la diversidad animal, lo que constituye un buen medio para regular las poblaciones de parásitos por medios no químicos. Además, asociar plantas con exigencias y ciclos diferentes permite optimizar las cosechas.

También es preciso entender que asociar plantas entre sí buscando un resultado específico, pocas veces da un resultado milagroso. En primer lugar, porque asociar bien no exime de tratar bien el resto de factores que sabemos influyen positivamente (suelo bien preparado, variedad adecuada para el momento del cultivo…). En segundo lugar, porque un ecosistema es un sistema muy complejo que exige una perspectiva holística, a la par específico y de conjunto. De ahí que un efecto positivo puede quedar enmascarado con otro negativo: el ajenjo repele a los caracoles de la col, pero al mismo tiempo impide el correcto crecimiento de las coles.

Además no sólo es necesario que estén presentes las asociaciones, sino que su efecto depende de las dosis: cuatro líneas de cebolla por una de zanahoria para repeler la mosca de la zanahoria. Incluso, habrá efectos benéficos que no se den porque el insecto que repelen no es habitual de nuestro huerto (o zona climática).

Describe también una situación en la que el efecto protector puede ser insuficiente, ya que hay otras condiciones que favorecen la presencia de la plaga. Por ejemplo, la mosca de la zanahoria estará más presente en un entorno con plantas altas (pues les sirven para reproducirse mejor) que en lugares con llanura desnuda. Además, si se hacen asociación con líneas pueden verse más expuestas a ciertas plagas que se desplazan a ras de suelo y el efecto protector se ve superado.

Lo que las asociaciones nos ofrecen

Aprovechar mejor el terreno con cultivos intercalados

Algunas plantas son complementarias por debajo de la tierra por el hecho de que sus raíces o rizomas ocupan niveles diferentes como ocurre con la triada judía/maíz/(calabaza o calabacín), además tienen una complementariedad similar por encima de la superficie.

Por otra parte, se suele asociar una planta con una capacidad de recubrimiento con otra que no tiene esa característica (como ocurre con la calabaza en esa triada). Además, se puede jugar con las velocidades de crecimiento (plantar una pequeña planta rápida junto a otra lenta más grande (zanahoria o chirivía ciclo largo + rábano; col (4 meses) + lechuga (1 a 2 meses). )

No resulta tan evidente que se produzca más mediante estos cultivos intercalados, si bien parece que se puede cosechar más por unidad de superficie y en el mismo tiempo.

Alelopatía

Conjunto de efectos inhibidores o estimulantes que las plantas ejercen unas sobre las otras a través de sustancias bioquímicas, generalmente subproductos de los procesos bioquímicos vitales esenciales de cada planta. Estos efectos pueden ser sobre sí misma o sobre las vecinas, ya sea para la cosecha siguiente o para la actual. Además pueden tener más o menos efectos sobre las adventicias.

También hay que entender que este efecto se puede dar a nivel aéreo, a nivel raíces… lo que influirá en su efecto positivo o nocivo en nuestro huerto. En muchas ocasiones, bastará poner unas ramitas frescas de algunas especies para tener el efecto buscado, sin necesidad de plantar dicha especie. En otras, como las compuestas, labiadas y leguminosas, el efecto se da en las raíces, por lo que en general será preciso tenerlas sembradas in situ.

Por eso hay que tener cuidado al enterrar restos de plantas, pues según de qué planta estemos hablando podemos generar problemas para las futuras plantaciones. Por ejemplo enterrar restos de lechuga puede provocar “mal de pie” a las próximas lechugas o como pasa con enterrar restos de crucíferas (nabo, rábano, repollo, etc.) pues estas dejan en la tierra glucósidos que inhiben el crecimiento de la espinaca, de las lechugas o de las leguminosas.

Varias son autotóxicas, segregan sustancias que impiden que se desarrollen correctamente la misma especie (incluso la misma familia) en plantaciones sucesivas: crucíferas, cucurbitáceas, quenopodiáceas, rosáceas… Esto, unido a la aparición de plagas al repetir el cultivo de plantas que aumentan la cantidad de gérmenes y de que aprovechan los mismos nutrientes, nos debe conducir a que no plantemos dos años seguidos la misma familia.

Mejorar la tierra: leguminosas, árboles y abonos verdes

La mayoría de cultivos mixtos en Europa y en el mundo mezclan leguminosas y gramíneas para mejorar a un tiempo la calidad de los forrajes y la fertilidad de la tierra: centeno-veza, trigo-garbanzo, avena-altramuz, avena-guisante, etc…Además, se ha observado que las raíces de las leguminosas liberan en la tierra ácidos orgánicos que solubilizan los fosfatos contenidos de forma natural en las partículas de tierra (o en los abonados ecológicos) así su cultivo permite aprovechar mejor el fósforo (que quedaría si no bloqueado en la tierra).

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El abono verde en general mejora de la estructura de la tierra, estimula la actividad biológica y hace más disponibles los elementos fertilizantes. Trabaja como un arado y una abonadora a la vez y a mayor escala desempeña un importante papel ecológico al limitar el lavado de los nitratos hacia los acuíferos subterráneos y la erosión de la tierra. El abono verde no incrementa verdaderamente el contenido en humus de la tierra ya que su materia orgánica, a diferencia de la del compost, es poco estable y se descompone rápidamente. Por el contrario, aumenta el contenido de elementos fertilizantes asimilables, sobretodo el potasio y el nitrógeno y también un poco de fósforo. Leguminosas + nitrógeno, crucífera + potasio. Además, el enraizamiento profudo permite remontar las sales minerales presentes en la tierra.

Por otra parte, hay que considerar la aportación de los árboles: las hojas de las frondosas son en general apreciadas como mantillo. El mantillo de fresno es de lejos el más rico en compuestos orgánicos hidrosolubles, alimento de la microflora de la tierra, favoreciendo por otra parte los azotobacter (lo mismo ocurre con los mantillos de arce o de olmo). Fresno y aliso tienen un excelente equilibrio, para otras como roble, abedul y arce mejoran si se mezclan con materias ricas en nitrógeno (recortes de césped, estiércol, restos de cocina…).

Además de competir por el agua, debemos también ver a los árboles como una bomba de drenaje natural y a la vez climatizador, que expele al aire vapor de agua lo que favorece en determinados momentos un mayor equilibrio climático y, por tanto, ecológico.

Alejar a los insectos perjudiciales y favorecer a la fauna auxiliar

Algunos efectos probados de repulsión serían: la cebolla sobre la mosca de la zanahoria, la zanahoria sobre la mosca de la cebolla, el guisante sobre el escarabajo de la patata, el ricino sobre el pulgón verde del guisante.

Hay que tener en cuenta que se ha demostrado en varios estudios que, en ocasiones, el efecto repulsivo de una planta sobre un insecto dependerá del clima donde esté. Por ejemplo, en temperaturas poco elevadas albahaca y ajedrea se muestran igualmente repulsivas, a mayor temperatura la albahaca es más eficaz para alejar a los pulgones de las habas.

Una recopilación estadística interesante sobre el efecto de la asociación de cultivos es que el 53% de los insectos dañinos era menos abundante en los cultivos mixtos, en el 18% eran más abundantes, un 9% no mostraba diferencia y el 20% daba una respuesta variable (comparando 150 estudios de campo referentes a 198 especies fitófagas).

Una estrategia interesante es la de push-pull (repulsión-atracción) que supone repeler los insectos dañinos con la pulverización de un “antiapetente”, para atraerlos a un cultivo trampa o zona cebo.

En cuanto a la llamada fauna auxiliar, es recomendable considerar lo que decíamos al principio: buscamos encontrar un equilibrio ecológico. Por el tipo de plantas que se cultivan se favorece la aparición de insectos fitófagos a los que deseamos encontrar varios antagonistas que, dentro del equilibrio, además de comerse “nuestro problema” sea sostenible en el tiempo. Por no olvidarnos de lo que ocurrió en Australia con el tema de las ranas, conejos, etc. Insectos auxiliares son llamados a formas larvarias de las , chinches anthocoridae, ácaros Phytoseiulus persimilis, arañas, carábidos, pájaros, mamíferos insectívoros, etc. El simple hecho de mezclar cultivos incrementa la diversidad de los insectos auxiliares. La combinación de plantas que tienen pocas plagas en común y son de diferente arquitectura (planta erecta, planta rastrera, por ejemplo) es especialmente atractiva.Captura de pantalla_2016-05-04_13-03-39Para favorecer su presencia se tienen dos tipos de cultivos o de herramientas que nos la pueden asegurar:

  • Cultivos puente: aseguran la permanencia de los insectos auxiliares al proporcionarles presas o cobijo.
  • Zonas tampón: Donde una vegetación bien seleccionada y a menudo diversificada atrae y fija a los auxiliares proporcionándoles néctar, polen y cobijo.

Un ejemplo de la estrategia a seguir: el rosal y su clásico pulgón permite que se instale el Prao volucre himenóptero parásito de otros pulgones más perjudiciales. Por tanto, no siempre es malo que haya pulgones en los rosales. Igualmente se ha comprobado con el pulgón de los cereales, que de forma natural son parasitados por pequeñas avispas. Sería el trigo una “planta reservorio” proporcionando auxiliares.

Una estrategia muy interesante a seguir: las bandas florales

Consiste en un cultivo de plantas silvestres que aseguran una floración prolongada. El concepto de banda floral parte de una constatación: los entornos no cultivados albergan una fauna más rica y diversificada que las parcelas en cultivo. Bosquetes, setos y praderas mejoran la biodiversidad a nivel del paisaje. Las bandas florales lo hacen a nivel de parcela, ya sea un campo o una huerta.

Dos posibles estrategias al conformar nuestra banda floral: implantar flores anuales o implantar flores de varios tipos(vivaces, anuales, bianuales). En la primera se recurre a plantas puente y a un número limitado de especies florales y la zona de influencia no sobrepasa mucho la parcela, por lo que tenemos que “saber” qué vamos a necesitar cada año en materia de ecosistema. La segunda estrategia es más generalista y se intenta favorecer un conjunto de relaciones plantas-insectos y de atraer auxiliares para múltiples plagas. La plantación de este último tipo se mantendrá al menos 3 o 4 años y asegurará la protección de un grupo de parcelas.

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Algunos investigadores han constatado que la importancia en número de los auxiliares disminuye con la distancia a la banda floral, lo que la establece como el principal reservorio de auxiliares de la parcela. También hay que tener en cuenta que en la banda floral se alojarán también insectos potencialmente perjudiciales como pulgones, cochinillas, moscas… si bien se generará un equilibrio entre poblaciones.

Algunos nombres que pueden servirnos para conformar nuestra banda floral: las flores poliníferas pertenecientes a la familia de las Asteráceas (compuestas) y de las apiáceas (umbelíferas) tienen fama de reforzar las poblaciones locales de sírfidos y de otros dípteros depredadores de pulgones, cochinillas… en las regiones y épocas en las que las condiciones son poco favorables a la supervivencia de estas especies.

Son muy apetecibles las apiáceas como anís, eneldo, cilantro, alcaravea, hinojo, perejil, apio, perifollo silvestre, zanahoria silvestre, pie de oso, chirivía… ; las asteráceas como agerato, coreopsis, clavel de indias, clavel chino, margarita, pascueta, crisantemo, vara de oro, dalia, santolina, milenrama, zinia, aster, cosmos, caro ornamental, caléndula, gallardía, centáurea, rudbeckia, etc. Entre las aromáticas, ajenjo, manzanilla… entre las adventicias: artemisa, anthemis, cardo, cerraja, manzanilla inodora, diente de león, tanaceto. Además algunas floraciones de hortalizas como tupinambo, cardo o achicoria. Las asteráceas ofrecen una floración abundante y prolongada. Otras plantas que han probado su atractivo para los insectos auxiliares son el aliso de mar, mostaza (brasicáceas), melisa, menta, tomillo, menta de gato (lamiáceas); trigo sarraceno, facelia…

Además, construcciones como los hoteles de mariquitas, o los insectarios más generalistas también favorecen la presencia de determinadas especies.
Libros para profundizar:

Lefrançois, S. et Thorez , J.P (2014): Plantas compañeras en el huerto ecológico, Fertilidad de la Tierra, Estella.

Urdiales A. (1999): 3. Intercultivos, Colección Permacultura, Buenos Aires.

Por último, os ponemos ofrecemos un par de imágenes del folleto con el que revisamos en el taller la biodiversidad de nuestro huerto:

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