cultivos para climatologías extremas

El cambio climático producirá un cambio radical en nuestros ecosistemas y por tanto, en los alimentos que podremos producir. Por ello, vemos necesario trabajar a dos niveles: el local y el global.

Trabajar a nivel global para reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero y por tanto, el aumento de la temperatura del planeta y la inestabilidad climática. A nivel individual,  consumo de alimentos de cercanía, de temporada y ecológicos, el uso de transporte público frente al privado, la reducción de nuestros consumos en general, la reducción de carne en nuestras dietas…todas estas son medidas que podemos adoptar para contribuir. A nivel de políticas de Estado, serían necesarios planes de reforestación masivos, aumento de cultivos como sumideros de CO2, reducir la expansión agrícola y cultivar de manera agroecológica, evitar los pesticidas y abonos provenientes de la industria pretroquímica, mejorar la gestión de los estiércoles y purines de la ganadería, reducir el uso de maquinaria agrícola, reducir los desperdicios, reducir el transporte de mercancías… por ello, debemos presionar a nuestros gobiernos para que se tomen estas medidas o iniciar nosotros proyectos en nuestras comunidades que tengan como objetivo promover todas estas medidas.

Trabajar a nivel local para poder adecuar nuestros sistemas de cultivo a los cambios que produce el cambio climático a nivel más de nuestro huerto.

Pero vamos a analizar primero, cuáles son las consecuencias directas de este problema en nuestros cultivos:

  • El primero y más importante es la reducción de la cantidad de agua disponible. El riego de los cultivos representa el 70% del uso de agua, y se prevé que cada vez tendremos menos para regar. Se ve por tanto necesario buscar, por un lado cultivos que sean resistentes a las sequías y por otro, formas de reducir la cantidad de agua que aplicamos a nuestras huertas, así como sistemas de almacenaje de agua eficaces.
  • El cambio climático y la inestabilidad de la corriente en chorro (consecuencia también del CC), hace que aumenten las variaciones de temperatura dentro de la misma estación. Por ello, es fundamental para el agricultor estar atento a las previsiones meteorológicas y aplicar sistemas que permitan evitar que la tierra y las plantas noten lo menos posible estos cambios.
  • Estamos en un momento de aumento poblacional (se estima que hacia el 2050 habrá incrementado en varios miles de millones) y por tanto, la demanda de alimentos se incrementará. En un momento en el que la producción peligra debido a las consecuencias del CC y a la crisis del petróleo, debemos crear sistemas que nos permitan reducir las consecuencias ecológicas del CC y aumentar nuestra productividad por parcela sin con ello perjudicar el medio ambiente y fomentar la emisión de los gases que lo provocan.
  • Los cambios en las temperaturas y en los fenómenos climáticos provocará la migración de especies, trayendo consigo plagas de otras latitudes sin que necesariamente les acompañen sus depredadores. Lo cual puede ser un grave problema. Por eso, hemos de crear sistemas que permitan que nuestras plantas sean lo más resistentes posibles a estas infecciones.
  • Todos estos cambios llegan en el momento de menor diversidad de cultivos en plantación de la historia. Se ve necesario también recuperar todas aquellas especies locales que puedan resultar más resistentes a estas nuevas climatologías.
  • Por último, es muy importante que las medidas que se tomen se hagan siempre a escala local, porque las consecuencias del cambio climático serán diferentes en cada zona. Por ejemplo, aquellos lugares en los que se produzcan sequías, deberán buscar sistemas para reducir al máximo la cantidad de agua, en cambio, aquellas zonas con patrones de lluvias torrenciales, deberán mejorar su terrenos para favorecer el mejor drenaje y evitar la erosión.

A continuación os dejamos algunas ideas para aplicar en vuestro huerto:

CULTIVOS RESISTENTES A CLIMATOLOGÍAS EXTREMAS

El garbanzo germina a partir de 10 grados, aunque su temperatura ideal de germinación es de 25/30. No requiere muchos riegos. Un riego inicial y uno de apoyo cada 15 días si el clima no acompaña. Se recomiendan suelos profundos y no repetir el cultivo en el mismo lugar hasta pasados 4 años. Se cultivan a razón de 33 plantas por m2. Se siembra en otoño o primavera.

El alcaparro es una planta que crece hasta los 40 cm y tiene carácter rastrero, por lo que es ideal en zonas muy ventosas. Resiste muy bien las sequías y puede sobrevivir a temperaturas entre los -8 grados y los 40. Es una planta que se cultiva con facilidad en suelos pobres. Se siembra en primavera.

La veza requiere de pocos riegos aunque le gustan los que mantienen cierta humedad.  Resiste altas temperaturas. Existen variedades de otoño y de primavera. Se usa en combinación con gramíneas para abonos verdes, cultivo de compost y para forraje.

La alcachofera requiere de mucho espacio, unos 70 cm entre plantas, no soporta los suelos encharcados aunque sí aceptan cierta humedad. Necesitan del frío para desarrollarse.

Las variedades de tomatera de secano son ideales para el centro de la península. Tras unos riegos iniciales durante su período de asentamiento, es bueno producirles cierto estrés hídrico para que sus raíces profundicen y busquen por sí mismas el agua necesaria. Si el sol es demasiado fuerte, se puede poner un toldo que las cubra durante las horas centrales del día para evitar que los frutos se resquebrajen. Plantar con  40 cm de separación.

La berenjena necesita de agua regular, pero se ha demostrado como uan de las hortalizas de verano que mejor resisten la insolación.

La batata, pese a ser un cultivo tropical, nos ha parecido interesante porque salvando su período inicial, es necesario dejarla sin riego durante sus últimas semanas. No soporta el frío, pero un cultivo tardío en primavera y una recolección justo antes de las heladas lo hacen posible en la zona centro de la península. También el boniato requiere unos cuidados similares, pero necesita más agua que la batata.

El olivo tolera temperaturas de hasta -3 grados, y aunque no requiere frío para su desarrollo sí requiere de períodos prolongados de calor. Es un cultivo de secano aunque los riegos se hacen necesarios en climas con pluviometría por debajo de los 800mm.

El almendro tolera temperaturas de -3 grados aunque no es amigo del frío. En cambio, sí requiere temporadas de calor prolongados. Puede cultivarse con pluviometrías de 300mm aunque su producción mejora en aquellas con 600mm. Su polinización requiere de especies polinizadoras por lo que habrá que tener en cuenta las condiciones que abejas y otros insectos necesitan para vivir.

El granado soporta temperaturas hasta -10 grados. Aunque soporta bien la sequía exige mucha agua para la maduración de sus frutos y muchas horas de sol.

El níspero resiste hasta -4 grados aunque no es una especie que le guste el frío. La temperatura media para la producción de frutos debe superar los 15 grados. No se recomienda someterlo a períodos de sequía aunque los riegos programados pueden no ser necesarios en pluviometrías superiores a los 1200mm.

El enebro resiste bien a las heladas aunque debe de plantarse al sol. Requiere de mucho espacio por el desarrollo horizontal de sus raíces. Apenas necesita riegos y puede aguantar bien períodos secos una vez estabilizada la planta.

La vid puede aguantar dependiendo de la especie temperaturas de hasta -20 grados. Es un cultivo de secano por lo que no requiere grandes cantidades de agua. El viento y el granizo le resultan  muy dañinos.

La lavanda y el espliego, así como el tomillo, el romero y la salvia crecen en suelos secos, soleados y pobres. Resiste temperaturas de -10/15 grados. Soporta pluviometrías menores a los 400mm.

El comino necesita mucho sol y no le gusta la sombra, pero requiere riegos moderados cada 30 días. Le gustan los suelos bien nutridos pero no necesariamente con mucho nitrógeno. Soporta las heladas, aunque el clima frío ralentiza su crecimiento.

La gazania resiste temperaturas de hasta -3 grados y superiores a los 25. No tolera la humedad excesiva aunque los riegos se hacen necesarios en verano.

La passiflora es una planta trepadora que resiste temperaturas de -5 grados. Le gustan los suelos húmedos aunque no soporta los encharcamientos.

El jazmín es una planta trepadora que resiste temperaturas de hasta -4 grados pero que crece idóneamente en temperaturas en torno a los 25 grados. No tolera los encharcamientos y crece sin necesidad de mucha agua.

Ver cuadro de plantas resumen: Resistente a la sequía

Para tener más información sobre cómo ayudar a nuestro huerto a prevenirse frente a fenómenos extremos ver:

Cómo sobrevivir a las olas de calor

Sistemas de riego en el huerto

El método  biointensivo (para producir más con menos)

Xerojarninería

El huerto en invernadero

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