Cultivo de carbono: plantas que ayudan a mantener la fertilidad del suelo

Este taller sirve de introducción a una parte fundamental de nuestro periplo por la agricultura biointensiva. Como comentamos en la primera sesión del curso 2016-2017, uno de los objetivos de la agricultura biointensiva es el cultivo de materia para compostar. ¿Por qué? La razón principal es para obtener suficiente materia orgánica para nuestros cultivos, pero la razón ecológica es para devolver a la tierra parte de lo que le hemos quitado. La lógica de este sistema puede parecer un poco perversa: ¿cultivamos plantas para compostarlas? De hecho, energéticamente, si sólo lo vemos desde ese punto de vista es paradójico: un ejercicio de suma cero, casi negativa. Lo que no estamos teniendo en cuenta es el factor clave de esta ecuación que es el sol. Las plantas que aprovechamos para el cultivo de compostaje transforman la energía del sol utilizando una pequeña porción de nutrientes, lo que deja la relación anterior no solo en una ganancia energética, sino de materiales. Ya lo hemos visto con algunas especies de abono verde como la mostaza, que procuran mucho follaje con apenas requerimientos.

Además, la base de la agricultura biointensiva es su orientación como agricultura “familiar”, de subsistencia. Por ello, ya que necesitamos material para compostar podemos aprovechar, en la medida de lo posible, los granos que se obtengan para la alimentación en los periodos de menores rendimientos en el huerto.
La diferencia fundamental con los abonos verdes que hemos trabajado en años pasados es que no se dejan descomponer sobre la tierra, sino que se desea tener tanto material verde como seco para la compostera. Sin embargo, podemos aprovechar este conocimiento, sobre todo en cuanto a especies, para obtener los mejores rendimientos.
Para nuestra zona se puede aprovechar una parte del huerto para cultivo de compostaje en otoño y de grano en verano (judías, habas,trigo sarraceno…).
Una buena mezcla de cultivos de composta seríaje: trigo, centeno, haba y veza. Los dos primeros mejoran la estructura del suelo con sus raíces y la veza y el haba aportan nitrógeno el suelo a través de la relación simbiótica con el género rhizobium. Dependiendo de cuando cosechemos podemos recolectar: solo la paja del trigo y el centeno, así como el verde de habas y veza o podemos dejar que semillen bien y recoger trigo y centeno como alimento (siembra de carbono).
La fecha de siembra aproximada debería ser 6 semanas antes de la primera helada fuerte (en Madrid, esta fecha estaría más o menos la última semana de Noviembre, por lo que la siembra que haremos esta a 7 semanas antes). Esta información se puede encontrar en la Aemet, apartado de servicios climáticos, datos climatológicos, fenología donde hay informes en pdf de los otoños y primaveras (si bien Madrid no entra normalmente). En valores climatológicos normales aparecen los días de helada habituales por semana y no suele llegar a uno en noviembre (0.9 Retiro, 2 Cuatro Vientos, 2.9 Getafe) En el último informe grande con datos (2012) aparece la última semana de Noviembre, y como dato raro la penúltima.
Se pueden sembrar de varias formas: a voleo el trigo, centeno y veza (separadamente) o en forma uniforme sobre la cama y después ir sembrando habas a 53 cm de distancia en forma hexagonal. Otra forma sería sembrarlas en plántulas:
Como nuestro objetivo, en primer lugar, es la obtención de material de compostaje, si los cultivos superan el medio metro de altura deben podarse para asegurar la salud de las plantas (que no se partan, por ejemplo) y para obtener mayor cantidad de material. Recomiendan dejarlos hasta 15 cm del nivel del suelo así como también dejar de “pastorear” cuando queden tres meses antes de la temporada de calor para que los cultivos maduren completamente y produzcan semilla en los cuatro meses siguientes.
Como estamos usando las habas como abono verde dejaremos que se mantengan en la cama hasta que alcancen el 50% de floración, momento en el cual tendremos que sacarlas con cuidado (igual que con la veza). El trigo y el centeno deben dejarse madurar hasta que las plantas tengan un 85% de dorado y el grano de semilla sea crujiente (por junio-julio). No se arrancan las plantas, se cortan a ras de suelo dejando que las raíces se descompongan y aireen el suelo.
La materia seca, si no se incorpora inmediatamente a la compostera se guarda protegido de la lluvia y seco para cuando cosechemos los cultivos para materia verde. Otras posibilidades dependiendo del clima: trébol, avena, mostaza agrícola (esta nosotros la hemos probado con bastante éxito). Dependiendo de la zona agrícola, por el tema de la obtención de la mayor cantidad de granos: maíz, girasol, arroz…

Cultivo de calorías

En nuestro clima se pueden cultivar granos fácilmente en los meses de invierno y en verano apoyar la fertilidad del suelo sembrando cultivos de compostaje de verano como el maíz y el trigo sarraceno (este último con muchas propiedades ecológicas). Hay que considerar en este apartado el cultivo de grano como las judías cuyo aporte energético es muy alto (aunque su rendimiento por unidad de área sean bajos). Lo planifica de la siguiente manera (para aprovechar al máximo el espacio):
Para cultivar judías recomienda quitar las raíces del cultivo de invierno. Además, para obtener mayores rendimientos habla de cosechar las judías con las vainas verdes y dejar que se sequen fuera de la planta. No solo con ese fin sino que de esta forma se consigue evitar el gorgojo en la medida de lo posible.
En la parte que pone cultivos de verano sugiere plantar 2.5 m2 de maíz (variedad de 60 días) y trigo sarraceno en los otros 2.5 m2 . Necesitamos 1 m2 de cultivo de judías y de trigo para obtener un kilo, mientras que para las patatas es de 0.05 m2 . Esto supone que para cubrir las necesidades anuales de judías y trigo tendríamos que tener sembrados 509 m2 de los primeros y 543 m2 de los segundos.

Por qué entonces dedicarles un espacio en el huerto: en el caso del trigo y los cereales porque además de darnos el grano aportan mucha materia seca a la pila de compost. En el caso de las judías por su gran aporte calórico y por el hecho de que se almacenan muy bien. Otros posibles cultivos eficientes calóricamente son las cebollas, el nabo y el puerro, que en determinados lugares pueden cultivarse varias veces por el clima y obtener rendimientos similares al de la patata.

Para aprovechar lo mejor posible un espacio pequeño y conseguir alimentar tanto al horticultor como al suelo, se puede llegar a utilizar un 90% del área de cultivos para producción de carbono y calorías y el 10% restante para cultivar verdura..
Revisando los materiales de rendimientos y espacio, para el cultivo total de alimentos fecha en 54.6 m2 persona, luego 218.4 m 2 para 4 personas de los cuales 55.2 m 2 son para vegetales y el resto para patatas, cebollas y grano.
Un ejemplo de un grupo que cultiva de forma biointensiva en Argentina:
“El trigo y el centeno son sembrados para compost; en nuestro caso no cosechamos el grano, que podría estar disponible todo el año. El rendimiento puede ser de alrededor de 5-7 kg cada 10 m2. El consumo (para pan, para una dieta en la Argentina), estaría alrededor de 2 kg por semana, igual a 8 kg por mes, lo que equivale a 96 kg por año; por lo tanto necesitaríamos 160 m2 para producir todo nuestro trigo. El problema no termina ahí pues al trigo se lo debe trillar (separar el grano de la espiga), luego moler (a mano o con moledoras pequeñas) y por último preparar la masa y hornear el pan. Para evitar todo este trabajo, compramos o hacemos trueque por pan casero hecho con harina orgánica. No obstante, es muy importante el carbono que el trigo aporta para la elaboración de la pila de compost”

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