Cuidados de frutales en ecológico

Hoy en día, Madrid no es conocida por ser zona de producción de frutales, aunque todavía se mantienen un par de zonas fruteras (La Vega del Tajo y la zona del Valle de Lozoya y Ayllón, en la Sierra). La tradición de producción frutícola se ha perdido en Madrid. No siendo un clima ideal para esta práctica (tenemos un marcado clima continental, con recurrentes heladas en invierno y momentos de sequía y olas de calor en verano), en los años 40 Madrid producía la mayor parte de la fruta que consumía. Hoy en día, debido a la globalización y al abaratamiento de costes de transporte, cultivar fruta en Madrid se ha vuelto poco competitivo, y por tanto, los proyectos de cultivo de frutales escasean. Además, la mano de obra en Madrid es mucho más cara que en otras zonas de España y, por supuesto, del mundo.

Pero como siempre decimos, debemos cambiar nuestros modelos de consumo e intentar producir y consumir de cercanía. Solo de esta manera, no seremos vulnerables a las futuras fluctuaciones del precio del petróleo, gracias al cual obtenemos más  del 90% de nuestros alimentos y del que somos peligrosamente dependientes.

Además, hoy en día, la mayor parte de la fruta que consumimos, es producida por variedades adaptadas, no al clima en sí, que ya no es tan importante, sino a las cámaras de almacenamiento. Las variedades tradicionales se están perdiendo y eso nos pone en jaque si en algún momento, tenemos que volver a plantar en nuestra zona la fruta que consumimos. Es fundamental que favorezcamos pues, la producción de frutales en nuestro entorno y de variedades locales para poder garantizar nuestra seguridad alimentaria de aquí a unas décadas.

Pero por todo lo dicho anteriormente, cultivar en Madrid  hoy en día, a pesar de las inclemencias del tiempo, tiene una ventaja clara: al no haber costumbre de cultivo de frutales, tampoco hay plagas en exceso. A esto también lo favorece el cultivo en extensivo de especies, frente al cultivo en intensivo de las grandes parcelas de producción que encontramos en la zona de Levante y sur de la Península.

Existen cinco elementos clave para una buena producción de frutales en ecológico:

  1. El manejo del suelo. Un suelo bien manejado tendrá gran capacidad de adaptación a las adversidades y posibles problemas que podamos encontrar.

Como siempre decimos, solo podremos tener una planta sana si mantenemos un suelo sano. Para ello, es fundamental el aporte regular de a) materia orgánica. Debemos devolver a la tierra todo aquello que se le extrae. Y concretamente los frutales, son grandes consumidores de nutrientes. Debemos favorecer la vida en el suelo y para ello, una práctica fundamental es evitar el uso de químicos en nuestros terrenos.  Además, debemos b) evitar la compactación y la suela de labor, por lo que recomendamos usar lo menos posible maquinaria pesada. Podemos utilizar  abonos verdes que protejan el suelo tanto del sol como de los encharcamientos mediantes su amplio sistema radicular, y algunas de estos abonos, pueden incluso aportar nutrientes a las raíces de nuestros árboles y ayudarnos a desapelmazar el terreno. Pasados unos años, cuando hayamos estabilizado el suelo, podemos cultivar alguna cubierta vegetal (un césped o alguna leguminosa de porte bajo como el trébol) y olvidarnos del trabajo del suelo. Es fundamental también c) el aporte constante de abonos. En el caso del uso de estiércol, el más indicado y de mayor calidad es el de cabra u oveja, ya que suele venir bastante digerido, y por tanto, semi-fermentado y al no comer estas casi piensos, será de mejor calidad. Podemos usar otro tipo de estiércol, pero estos no están tan bien equilibrados como el de oveja o cabra. El de caballo, por ejemplo, suele venir bastante mezclado con paja y modifica la composición del abono. Queda prohibido, de todas formas, el uso de estiércol fresco, ya que al enterrarlo, provocaríamos un proceso de fermentación anaeróbico que aumentaría los patógenos en nuestra tierra, algo que debemos evitar. Siempre que usemos estiércol, ha de estar maduro. Podríamos usar como abono nuestro propio compost, bien humus de lombriz o bien compost de los restos de nuestra huerta, controlando siempre que las proporciones sean las correctas para obtener un abono de calidad. Si existiera algún desequilibrio en nuestra tierra (algo que solo podremos comprobar bajo análisis químico del terreno), podríamos recurrir a algún tipo de abono mineral. Pero cualquier problema siempre podrá solucionarse a la larga mediante aporte de materia orgánica. El uso de té de compost, también es muy recomendable. Si vamos a utilizar estiércol para hacer nuestro té, este puede resultar muy efectivo como abono para el suelo, pero no como abono foliar. Un té de compost o té de humus puede aplicarse pulverizado sobre las hojas cada 10-15 días (evitando la época de floración para no perjudicar la polinización) y que nos sirva como protector ante plagas y como vigorizante de la planta.  Por último, recomendamos d) el cero laboreo de la tierra para favorecer, como decíamos, la vida en el suelo.  Si necesitamos descompactar el terreno, siempre es mejor hacerlo de manera manual con una horca de doble mango, una  laya o un bieldo. Podemos eso sí, pasar cada cinco años un subsolador para evitar la suela de labor.

  1. Favorecer la biodiversidad asociada al vergel. Para ello, dos condiciones indispensables: a) proporcionarles un lugar para vivir y b) no usar tratamientos que las maten (químicos y ciertos remedios naturales como las piretrinas). Es interesante tener cultivos intercalados que favorezcan la biodiversidad, crear setos (aconsejable de especies caducifolias, que suelen albergar más vida que aquellos setos tipo arizónicas) y bandas florales entre los frutales y rodear el perímetro del vergel con una zona sin manejo, en el que plantas autóctonas crezcan y sirvan de refugio para las especies animales que nos interese mantener en el huerto.
  2. Manejo de plagas. No siempre las plagas son perjudiciales si sabemos manejarlas. Podemos utilizar plantas trampa para atraer pulgones y de esta manera, atraeremos a sus depredadores. Debemos recordar que cada especie tiene una plaga asociada y que si tenemos diversidad de cultivos, aunque una especie tenga pulgón, no quiere decir que este se vaya a pasar a las demás. En cambio, los depredadores no distinguen entre una especie u otra y pueden comerse todos (es el caso de las mariquitas, por ejemplo, si plantamos habas, atraeremos al pulgón negro, que no se pasará a los frutales, pero atraerá a las mariquitas que luego se comerán el pulgón verde de los árboles). Respecto a los métodos de control, podemos utilizar trampas cromáticas, trampas con atrayentes como feromonas, directamente podar la zona infectada, usar micro y macroorganismos como control biológico, o productos de origen vegetal (extractos de plantas) o mineral (jabón de potasa). Un ejemplo de trampeo masivo para combatir la mosca de la fruta, es la colocación de dos o tres botellas por árbol con una sustancia azucarada y algo de fruta. Hemos de practicarle agujeros pequeños (broca del 6-7) para evitar que otras especies como las avispas se cuelen en la trampa pero permitir que la mosca, que es mucho más pequeña, caiga en ella. Se recomienda también poner algún tipo de cinta de color amarillo para atraerlas. En una zona como la de Madrid, la climatología permite que en un mismo año haya tres generaciones seguidas de mosca de la fruta, por lo que las precauciones para evitar estas plagas han de tomarse a partir de la última semana de marzo o primera de abril, momento en que se inicia la primera generación.
  3. Elección de especies. Es muy importante que elijamos variedades autóctonas, que son menos propensas a enfermedades. Suelen tener un porte más grande y también son especies más duraderas. Requieren menos nutrientes que las variedades comerciales, y en cambio, su fruta aguanta mucho más tiempo (Empresas como Muzale, tienen gran variedad de especies tradicionales). También debemos tener en cuenta las exigencias de cultivo y las necesidades para la fructificación. Cada árbol es distinto, hay algunos que se autopolinizan y no necesitan más que un árbol para obtener producción (como el caso de las manzanas Golden y Royal, por ejemplo), hay algunos que necesitan macho y hembra (como los kiwis, por ejemplo), y hay algunos que necesitan de la ayuda de otras variedades para su mayor fructificación (como sucede con la pera Conferencia, que obtiene mejores rendimientos si entre varias de esta variedad metemos una variedad William)
  4. Manejo del cultivo. Es muy importante a la hora del diseño de la finca, controlar los marcos de plantación para que cuando crezcan no se molesten. Suelen dejarse entre 4 y 6 metros, dependiendo de la variedad y del tipo de poda que se le aplique. Hay que tener en cuenta que cuanto más se pode un árbol, más producción dará, cuanto menos se pode, más años vivirá. Existen varias formas de poda, poda en vaso (la poda tradicional), poda en espaldera (utilizada si disponemos de poco espacio o queremos aprovechar algunos frutales como setos favorecedores de la biodiversidad). A la hora de plantarlos, se recomienda frente al cultivo en alcorque (en un hoyo en el terreno, este sistema aumenta las posibilidades de infecciones por encharcamiento) o en llano (este sistema provoca en ocasiones la pudrición de las raíces más superficiales del árbol), el cultivo en bancal, con una pequeña elevación del tallo para evitar problemas por exceso de agua, sobre todo si nuestros sistemas de riego a manta o por aspersión.

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