Cómo hacer jabón de potasa e insecticidas naturales

1 Uso de tratamientos

Antes de preocuparnos por arreglar una situación que podemos considerar como problema (exceso de pulgón, de hongos, babosas…) es preciso analizar las posibles razones que están detrás de estos síntomas. Porque en el fondo lo que solemos llamar “problema” no es más que un desequilibrio en el ecosistema que hemos diseñado. De ahí que las verdaderas soluciones vayan encaminadas a reequilibrar y a transformar el ecosistema, no sólo a atacar una situación. Nuestra acción ha de ser consciente y dependerá de la gravedad de lo que ocurre. Esto quiere decir que no siempre que veamos insectos considerados “plaga” vamos a eliminarlos, o que no siempre es necesario utilizar productos (aunque estos sean ecológicos). Una vez más debemos analizar la situación desde el punto de vista del ecosistema y valorar la presencia de ciertos insectos en nuestro huerto puesto que nuestros insectos “amigos” necesitan alimentarse y reproducirse. Sin embargo con esto no se quiere decir que “dejemos hacer”. El objetivo primero y que debemos tener siempre presente es tratar de crear las condiciones apropiadas para un equilibrio que nos convenga, lo que en unas ocasiones implica actuar y en otras permitir un cierto daño. Para las ocasiones en las que debemos actuar conviene conocer el ciclo biológico y la dinámica de acción de cada plaga. Así, según en qué momento de su ciclo esté se propiciarán las condiciones que le sean adversas. En todo caso la acción será siempre moderada pues la complejidad de los ecosistemas en ocasiones oculta los efectos adversos que se pueden dar.

1.1 Insectos

Se puede decir que en general un primer punto de vista fundamental respecto a los insectos es investigar la falta de depredadores. ¿Por qué, habiendo abundante alimento, no se presentan? Si esa pregunta no se puede resolver, al menos hay que tratar de “invitarlos”, favoreciendo el resto de condiciones que los propician (como pueden ser las casas de mariquitas, nidos para pájaros…). Otra forma sería engañar con ciertos repelentes y aromas a los insectos “plaga”, o bien investigar sobre plantas que sirvan de cebo sacrificado para centrar sus ataques en ellas. Además en función de la frecuencia de los ataques y de las posibilidades de los remedios también es conveniente sopesar el cambio de cultivo de suponer un continuo gasto de energía y de dinero.

1. 1.2 Hongos Las condiciones perfectas para su desarrollo son altas temperaturas y humedad. Por eso es frecuente que aparezcan en el cultivo de verano, no solo por la temperatura sino por los altos requerimientos de agua y de temperatura que tienen los cultivos de esta estación. Asimismo por los altos requerimientos de nutrientes y abono de las plantas de verano es frecuente un abuso de nitrógeno que le es propicio a los hongos. Por las medidas preventivas fundamentales serían: evitar la presencia de agua en la superficie foliar, favorecer la aireación del cultivo, evitar altas densidades de población y entutorar las plantas de forma independiente. También ayuda el podar las hojas viejas bajas cuando el cultivo ya está desarrollado. Otro factor a tener en cuenta es la higiene de las semillas. En el caso de las semillas comercializadas, se presupone un proceso de descontaminación y de higiene. En el caso de guardar nuestra semilla, atender a un adecuado proceso de higienización. Un consejo fundamental es no manipular las plantas si están húmedas (esto es, tras el riego o lluvia) con lo que se evitan heridas y roturas, un camino frecuente al contagio de otras plantas.

2 Preparaciones.

2.1 Jabón de potasa

La receta que utilizaremos es la siguiente:

Para un litro de aceite (utilizaremos aceite usado de oliva, para realizar el jabón con aceite de girasol consultar una calculadora de saponificación), utilizaremos 187 gr de hidróxido de potasio (potasa) y 483 gr de agua, preferentemente no clorada o de lluvia.

El proceso a seguir es similar al del realizado para hacer jabón con sosa caustica.

La diferencia es que este jabón nos quedará líquido, no duro; por lo que a la hora de disolverlo en el agua será más sencillo.

Una vez hayamos conseguido la traza, dejaremos madurar durante una semana (si se ha hecho en caliente) y lo mezclaremos con un litro de agua. En el momento de utilizarlo,lo disolveremos de nuevo en agua lo suficiente para que pueda ser pulverizado a través de un difusor (aproximadamente la mezcla es de 7 partes de agua por una de jabón).

Este jabón nos servirá para acabar con pulgones, araña roja y otros insectos plaga que tengan exoesqueleto, ya que lo que hace es resecar esta parte de su cuerpo impidiendo que transpire y muriendo por asfixia. también se puede utilizar como protección ante hongos pulverizando sobre las hojas, aunque este uso no es ni tan común ni tan eficaz como otros que se describen a continuación.

 

2.2 Cola de caballo

El elevado contenido en sílice de la cola de caballo hace que esta planta sea buena para evitar que los hongos ataquen las plantas. Es insectífuga, dinamizadora del crecimiento y fungicida preventivo.

PURÍN: Hervir aproximadamente 1 kg de cola de caballo fresca, o 500 gramos si está seca, en 10 litros de agua durante media hora. Luego filtrarlo y dejar reposar unos pocos días, hasta que aparezca un olor desagradable. Diluir añadiendo 100 litros de agua (Proporción 1:10) y almacenar para su aplicación (almacenamiento máximo: 2 semanas).

DECOCCIÓN: Necesitamos 50 gramos de cola de caballo seca, bien sea recogida de forma silvestre y después secada o comprada en algún herbolario. Después, echamos los 50 gramos en una recipiente con 3 litros de agua fría y la dejamos macerar durante 12 horas. Una vez macerado, se hierve durante 20 minutos. A continuación, extraemos la disolución hervida y la filtramos con un colador Este sería el proceso de obtención, luego lo aplicaremos en la planta con un pulverizador pero debemos diluirla en agua un 20 %, es decir; por cada litro de agua se echan 250 ml de la preparación. Tratamiento de 4 a 8 días seguidos y luego cada vez menos frecuente según se perciba que el problema remite.

2.3 Purín de ortiga

Su uso se recomienda tanto para el pulgón como para el oidio. El proceso de elaboración de este purín es: se introduce en un bidón un kilo de ortiga por cada diez litros de agua. Se ha de remover cada dos o tres días hasta que ya no se produzcan burbujas. Esto suele suceder al cabo de una semana, a las temperaturas habituales en el centro de la península. Una vez listo, hay que filtrarlo minuciosamente y envasarlo en garrafas de plástico, con lo que podemos conservarlo durante los siguientes 6 meses. Para su utilización es necesario diluirlo en agua, un 10% si se va a utilizar como insecticida y a un 20% como abono añadido al agua de riego. Para usarlo de modo preventivo se aconseja no exceder una aplicación cada 15 días.

2.4 Decocción de manzanilla

El uso de esta decocción mejora la resistencia de la planta ante plagas y enfermedades. El preparado concentrado se obtiene usando flores secas a razón de 50 g /l. en infusión o decocción. Para usarlo se diluye al 10 % y se pulveriza poco después de su elaboración. Se puede conservar en el frigorífico una semana, aunque según pasa el tiempo pierde sus propiedades.

2.5 Suero de leche

Tiene un alto valor fungicida y contra algunos virus que se transmiten a través de los utensilios. La proporción más eficaz es diluir el suero de leche al 5% con agua. Para obtener el suero se puede hacer de varias maneras: 1. Se coge un vaso de leche entera y agregarle el zumo de un limón, dejándolo reposar 15 minutos. Una vez la leche se ha cortado, se vuelve a remover y se guarda 10 minutos más en la nevera. Tras esto se cuela con tela y se obtiene el suero de leche. Un vaso de leche entera da []. Con esto lo diluimos junto a 2. Se puede obtener el suero de leche utilizando 2 yogures naturales, apretujándolos con un paño sobre un colador, lo cual nos da unos 5 centilitros a los que añadimos el agua hasta obtener el litro completo.

2.6 Extracto en frío de milenrama

Para reforzar el efecto de los fungicidas mencionados se aconseja utilizar un extracto en frío de milenrama. Este se realiza con 20 gramos de flores secas en 1 litro de agua, dejando macerarlo durante 24 horas. Se añade a los otros preparados a razón de 1 litro de extracto para 9 litros de preparación. Agitar después durante 10 minutos para dinamizar.

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