Cómo evitar las hierbas indeseadas en el huerto

Utilizar los restos de poda como mulch entre nuestras plantas es una práctica innovadora que está dando muy buenos resultados.

Durante los años que hemos estado impartiendo talleres de huerto ecológico, una pregunta que se repite mucho es cómo hacer para eliminar las hierbas indeseadas en el huerto.

Desde hace unas décadas, las llamadas malas hierbas han tomado otros nombres (hierbas no deseadas, vegetación acompañante, hierbas adventicias…) pues en realidad, no son malas en sí.

Las hierbas que nacen de manera espontánea en nuestro huerto se han eliminado siempre porque compiten con nuestros cultivos en sol, agua y nutrientes. Sobre todo con aquellas que tienen una germinación y un crecimiento vegetativo más lento. El método biointensivo propone introducir los cultivos en el terreno cuando sean lo suficientemente grandes como para que las hierbas adventicias ya no compitan con ellas, y además, a una distancia que evite que puedan germinar hierbas nuevas por falta de sol.

Antes de eliminarlas, debemos prestar atención a las especies que crecen alrededor de nuestro huerto. En parte nos sirven como indicadores de tipo de suelo y algunas de ellas poseen propiedades culinarias, medicinales o funcionan por alelopatía beneficiando a nuestros cultivos, como es el caso de la caléndula silvestre. Algunas son indicadoras de plagas, pues atacan a estas antes y nos ayudan a prevenirnos (Ver taller cómo reconocer hierbas silvestres). Por último, siempre es favorable para atraer y da cobijo a insectos beneficiosos para el huerto, tener alguna zona en la que la flora autóctona crezca libremente.

Pero si lo que queremos es que las hierbas no colonicen nuestra tierra de cultivo, podemos experimentar algunos sistemas que nos pueden ayudar a llevar a cabo este fin.

Como en todo lo que hacemos, siempre es mejor prevenir que curar. Lo más importante es evitar que las hierbas saquen flor, y por ello semilla, ya que estaríamos permitiendo que al año siguiente de una saliesen cientas más. Hay que eliminar primero aquellas que comienzan su fase de reproducción. No debemos utilizar estiércoles frescos, además de que en contacto con nuestros cultivos son muy perjudiciales por su alto contenido en nitrógeno que podría quemar las raíces, muchas veces contienen semillas de hierbas que no queremos. El estiércol ha de pasar por un proceso de compostaje primero, ya que las altas temperaturas esterilizan las semillas. También dependerá mucho en la aparición de hierbas el sistema de riego que tengamos. Allí donde no cae agua, no habrá hierbas, por eso, el sistema por goteo es el más indicado en lugares con exceso de hierbas adventicias. Plantar con espacio reducido nuestros cultivos, de manera que este cubra el suelo, es otro buen sistema, tanto para proteger la tierra como para evitar que bajo ella crezcan hierbas. El laboreo ha sido siempre el sistema principal para evitar el crecimiento de hierbas, pero como nosotros siempre recomendamos perturbar el subsuelo lo menos posible, no lo consideramos un método de aplicación constante. Se suele decir, que hacer un purín de aquellas hierbas que no queremos y rociar la tierra con él puede ser otro sistema para evitar que crezcan.

Por último el mulch o acolchado vegetal, ya sea vivo o muerto tiene esta doble función (triple si contamos el ahorro de agua que supone no tener la tierra en contacto directo con la irradiación solar): por un lado, evita que crezcan hierbas al no permitir que llegue a sus semillas la luz del sol y por otro, protege la tierra de la irradiación directa y por tanto, protege los microorganismos del suelo. Entendemos aquí como mulch también la cobertura con cartón, papel y sacos de rafia, ideales para caminos. También podemos poner pasillos de piedra o teja, pero al ser piezas más pequeñas, pueden confundirse y mezclarse si no están los bancales delimitados con materiales de acotado. Comúnmente se ha estado utilizando la paja como cobertura entre las plantas, pero la paja, aunque es un recurso fácil de encontrar, tiene problemas como su lenta descomposición y su ligereza, que hace que si tenemos una huerta con un mínimo viento, nos vuele constantemente. Por eso, hoy en día se está popularizando el  uso de restos de poda para este fin. Realizan una cobertura perfecta,  sus partículas son más pequeñas por tanto su descomposición es rápida, aportan gran cantidad de carbono, y no favorecen la aparición de babosas y caracoles en la misma medida que lo hace la paja.

A la hora de eliminarlas, o al menos reducir su aparición el método manual suele ser el más eficaz. Pero esto es más sencillo cuanto menor tamaño tenga nuestro huerto. También nos facilita el trabajo plantar en hileras, ya que a la hora de pasar un escardador es más rápido.

El método de la falsa siembra:

Consiste en preparar el terreno de cultivo un mes antes de nuestra siembra de hortalizas y regar abundantemente para que crezcan y germinen todas las hierbas latentes en el suelo. Cuando crezcan, podremos escardarlas libremente sin miedo a confundirlas con nuestros cultivos.  Cuanto más pequeña es la planta, más sencilla es de arrancar. Una vez echo esto, evitaremos volver a trabajar la tierra pues podríamos poner en superficie aquellas semillas que en un principio estaban demasiado enterradas para poder germinar.

La solarización:

Es un sistema que consiste en colocar una malla (recomendable de polietileno, por ser el menos tóxico de los plásticos) sobre un terreno abundantemente humedecido y dejar actuar durante unas 4-6 semanas. En terrenos al aire libre podemos aumentar la temperatura de la tierra unos 8 grados, siendo más del doble si lo hacemos en invernadero. Por efecto del calor, las semillas perderán poder de germinación. Este sistema es aplicado en muchas ocasiones para la eliminación natural de microorganismos patógenos (hongos, larvas, bacterias…). Curiosamente y frente a lo que se podría pensar, no elimina los microorganismos que nos son beneficiosos como las rizobacterias y los Bacilluum ssp., organismos termófilos que actúan en el sistema de descomposición de la materia orgánica y cambian la estructura y composición del suelo. Esto se debe a que las temperaturas alcanzadas durante la solarización no son suficientes para matarlos pero al contrario, son un hábitat idóneo para su reproducción y colonización del espacio.

Por ello, esta técnica, pese a tener que realizarse durante al menos un mes de verano para que alcance la temperatura adecuada, beneficia también a nuestros cultivos dado que ayuda a mejorar las condiciones del suelo, obteniéndose mejores rendimientos después de un proceso de solarización.

Siempre que no vayamos a utilizar una parcela, es interesante hacer una siembra de abono verde para mantener ocupado el terremo y evitar que proliferen hierbas que no queremos.

Sistemas que no recomendamos:

Pulverizar  agua hirviendo: es muy eficaz ya que elimina todas las hierbas en un momento, pero no discrimina las heirbas, por lo que también acabaría con nuestros cultivos. Además, al estar la temperatura a unos 60-100 grados, mata también a los microorganismos de la tierra que son beneficiosos para nuestro huerto.

Aplicar sal: esta saliniza la tierra y evita que crezca nada allí donde se ha aplicado. Por eso no es bueno echarla en nuestro huerto. Podríamos hacerlo en algún camino de jardín, pero, además de tener que irla renovando cada cierto tiempo, se introduce en la tierra y puede llegar a las aguas subterráneas.

Esporvorear harina de maíz: de estos tres métodos quizás este sea el menos nocivo, pero igualmente, al ser un remedio de eliminación total de las hierbas, no favorece a nuestro huerto ecológico. La harina de maíz evita la germinación de las semillas bajo ella, por lo que su forma de aplicación debería ser después de haber plantado nuestros cepellones y dejado germinar nuestras semillas, se arrancarían las malas hierbas y se echaría la harina. De esta forma, no crecería nada más.

Utilización de quemadores: por la misma razón que la primera opción y por lo aparatoso y peligroso del sistema, no es un método a utilizar.

El vinagre: aunque es muy eficaz, puede resultar perjudicial tanto para nosotros como para el medio ambiente. El vinagre contiene ácido acético, una sustancia que se genera durante la fermentación, y funciona quemando plantas y raíces. Un vinagre de mesa puede contener un 5% de esta sustancia, pero los vinagres que se venden para otros usos pueden llegar a contener hasta un 20% o 30% y puede resultar muy corrosivo para la piel e incluso ocasionar ceguera. Además, elimina también la fauna auxiliar.

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