Asociación de cultivos, rotación y plantación desde plantel.

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Asociación de cultivos:

En la naturaleza lo más habitual es que en un mismo espacio crezcan juntas numerosas especies y variedades distintas. Entre ellas se crean relaciones de simbiosis y ayuda mutua, de forma que por ejemplo, a la sombra de árboles frondosos crecen plantas que no toleran el exceso de luz, y mientras que algunas plantas tienen raíces superficiales, y se alimentan de los nutrientes de las capas superiores, otras tienen raíces que exploran en suelo en profundidad extrayendo de él gran parte de los minerales que precisan. Los monocultivos en las prácticas agrícolas convencionales causan importantes desequilibrios ecológicos, lo que se traduce en el incremento de problemas de las plantas cultivadas y en la especialización de parásitos específicos. En cambio, cuando crecen juntas plantas muy diversas es más fácil que se generen equilibrios ecológicos y se consigan las condiciones óptimas de desarrollo y aprovechamiento del espacio y los nutrientes. La observación en las prácticas de los agricultores ha establecido con el tiempo una serie de asociaciones favorables y ha constatado que cuando algunos cultivos crecen junto a otros o en cercanía se incrementan los problemas de desarrollo o parasitosis.

Se establecen asociaciones beneficiosas según distintos aspectos:

Asociación por tamaño: hay que intentar no poner juntas plantas que compitan por la luz, el agua, y los nutrientes, así como el espacio de sus raíces. Por ejemplo, si plantamos una tomatera y  una lechuga , la tomatera extenderá sus raíces hacia abajo y su tallo hacia arriba, por lo que dejará sitio a la lechuga que, además de verse favorecida por su sombra, no competirá por los nutrientes ya que sus raíces son más cortas ni tampoco por el espacio ya que esta crece a lo ancho y no a lo alto.

Escalonamiento: juntar plantas de crecimiento largo como los pimientos, con plantas de crecimiento corto como los rabanitos, nos permitirá que cuando los primeros necesiten más espacio, será el momento de recoger los segundos.

Asociación por compatibilidad: ciertas plantas poseen aromas que impiden la aparición de plagas, así como al contrario, algunas plantas favorecen la fauna microbiana encargada de producir nitrógeno, por ejemplo, o atraen a insectos beneficiosos como los polinizadores. Por ejemplo, muchas aromáticas desprenden olores que ayudan a confundir a ciertos insectos dañinos para que no encuentren nuestras hortalizas. A su vez, algunas plantas inhiben el crecimiento de otras. Es el caso de las habas y las cebollas, estas últimas ven ralentizado su crecimiento cuando crecen cerca de estas leguminosas. Por otro lado, también es importante tener en cuenta que no se debe plantar en un mismo sitio la misma planta de manera continuada. Algunas plantas como las lechugas segregan sustancias que impiden el crecimiento de otras de su especie y ciertas plagas latentes podrían afectar a la segunda tanda, por no hablar de la carencia de nutrientes que tendrá esa tierra.

Es por eso, que en la medida de lo posible deberemos tener en cuenta la rotación de cultivos, práctica que se ha realizado desde siempre.

Rotación de cultivos:

Cada especie vegetal absorbe de la tierra unos minerales y nutrientes específicos, mientras que aquellos otros que no necesitan se van acumulando. Por ello, la rotación de cultivos es una práctica básica en agricultura ecológica. Si la asociación favorable de cultivos permite aprovechar al máximo los recursos y nutrientes de la tierra, la rotación mantiene la salud del suelo y previene eventuales problemas para las plantas cultivadas.

A la hora de diseñar nuestro huerto, hemos de tener en cuenta esta cuestión. Lo más sencillo es agrupar las plantas por necesidades de desarrollo similares (luz, agua, nutrientes…). Tenemos tres opciones. Por familias, en función de la parte aprovechable para el consumo (hojas, raíces, frutos…) o por exigencia de nutrientes.  De esta manera, las plantas que suceden al cultivo precedente se benefician directamente del mismo, sea por los nutrientes no consumidos o por la estructura que ha dejado el suelo.

Para no equivocarnos, es aconsejable dotarnos de papel y lápiz y realizar un diseño en el que contemplemos las rotaciones año tras año, para no repetir los cultivos en el mismo lugar hasta haber pasado cuatro años. Una rotación sencilla es aquella que tiene en cuenta el sistema radicular de las plantas para que consuman cada una lo que otras no consumieron: por ejemplo, el cultivo de tomate, muy exigente en el abonado, es seguido de lechuga y ésta de zanahoria, para terminar con alguna leguminosa. Tras la cosecha se abona de nuevo y se puede volver a plantar otra solanácea.

Las rotaciones en terrazas son más complicadas de llevar a cabo, ya que normalmente no se dispone de tanto espacio como para realizarlas y muchas veces, cada año se renueva la tierra. En estos casos, no es necesario realizar una rotación de cultivos, pero sí es interesante para huertos de mayores dimensiones.

Plantación desde plantel

Como explicamos en el apartado de semilleros, la obtención de plantel se realiza en aquellas plantas que requieren un cuidado mayor, son de crecimiento largo, por lo que en plantación directa competirían con las hierbas adventicias, o se ven favorecidas por el trasplante. A continuación explicamos el procedimiento de plantación mediante plantel.  

 Trasplante:

Hay que ser muy cuidadoso para no dañar las plantas, sobre todo sus raíces sufren mucho durante este proceso. El trasplante requiere algunos trabajos adicionales con respecto a la siembra directa, ya que las plantas pasan un período de freno en su crecimiento mientras las raíces no se asientan y, al debilitarse, corren el riesgo de marchitarse si no se mantienen las condiciones de humedad.

A la hora de trasplantar podemos encontrar las plantas en dos formas:

En cepellones:

Suele ser menos dañina para la raíz, puesto que sufren menos, evitándose el enorme estrés que sufre la planta en su traslado. Este es el caso de la plantación en semilleros individuales. Para pasarla a la nueva tierra, se han de colocar las macetas durante algunos minutos en agua para que se desprenda mejor cuando la quitemos y las raíces no sufran. Se hace un agujero de proporciones similares a la maceta. Se coloca la planta y se aprieta bien la tierra de al rededor. Si la planta ha pasado demasiado tiempo en la maceta (la sabremos porque las raíces se enroscan entre sí buscando espacio, o comienzan a salir por el agujero de desagüe), se puede intentar deshacer parte de ellas con mucho cuidado de no romperlas. De esta forma, las raíces volverán a tomar su posición vertical y les será más sencillo seguir creciendo hacia abajo. No es necesario regar inmediatamente, pero sí en ese mismo día, pues la humedad retenida en el cepellón es limitada. Regaremos a chorro en abundancia para que las raíces se adhieran a la tierra y puedan continuar su crecimiento.

A raíz desnuda:

Es una operación mucho más delicada. Se ha de practicar un agujero de tamaño similar al de las raíces, evitando que al rededor haya terrones duros que impidan su crecimiento. Sosteniendo la planta se irá echando tierra hasta que se hayan cubierto por completo las raíces. Regar inmediatamente. Algunas plantas pueden sobrevivir tras un leve marchitamiento (lechugas, cebollas, puerros…) pero otras podrían no recuperarse si no arraigan bien (tomates, pimientos, berenjenas…). Es importante que la raíz no quede curvada o dirigida hacia arriba.

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