Abonos verdes

Como ya venimos diciendo en los últimos talleres, el cuidado de la tierra es fundamental para el éxito en el huerto. Debemos mantener una tierra mullida, rica en nutrientes y en organismos beneficiosos que nos ayuden a mantenerla aireada, permeable y que mantengan los nutrientes al alcance de las plantas.

Los abonos verdes, aquellos cultivos que plantaremos con el único fin de ser posteriormente triturados y devueltos a la tierra para enriquecer los cultivos consecutivos,  son nuestros aliados en este sentido, y no solo mantendrán la tierra cubierta durante los tiempos en los que no tengamos cultivos, protegiéndola del sol directo, la erosión y el lavado de nutrientes, sino que además, según las especies, contribuirán a desapelmazar la tierra de manera natural, a evitar la proliferación de hierbas indeseables y a enriquecerla una vez que estas plantas se hayan descompuesto. Además, son cultivos que no requieren de grandes cuidados para su desarrollo.

Pero hay que tener en cuenta que el cultivo de abonos verdes requiere de una precisa planificación y que sus efectos no son visibles a corto plazo. Pero en un huerto en el que queremos mantener la sostenibilidad y la fertilidad a largo plazo, son una propuesta más que interesante.

Son cultivos poco exigentes en agua y minerales, por lo que no compiten con nuestras plantas hortícolas y además, generan gran cantidad de biomasa (su crecimiento es muy rápido), ideal para la creación de compost y como cobertura para la tierra y por tanto, atenúan las variaciones de temperatura y humedad y sirven de protección para los microorganismos que pueblan nuestro terreno.

¿Abonos verdes o coberturas muertas?

Todo dependerá del momento en el que se requiera una cobertura. Hemos de tener en cuenta el desarrollo radicular de estas plantas. Con frutales, por ejemplo, pueden mantenerse de manera continua, ya que no compiten con sus raíces al ser más superficiales. En el cultivo de hortalizas, se elegirán abonos verdes a finales de verano y al inicio del otoño, así como en los meses previos al cultivo de primavera cuando a hemos sacado las hortalizas de invierno. También las elegiremos si deseamos dejar a la tierra “descansar” una temporada y no queremos que germinen hierbas adventicias. En cambio, elegiremos cultivos muertos como la paja para cubrir el terreno en verano, entre cultivos y cuando tengamos semillas germinando en el terreno. Es ideal, por ejemplo, el uso de abonos verdes justo antes de la primavera, momento en el que los organismos del suelo tienen poca materia orgánica de la que alimentarse.

Son abonos de asimilación rápida, ya que contienen gran cantidad de nitrógeno, al introducirse frescas en el terreno y se irán descomponiendo poco a poco hasta ir formando humus.

A este respecto, si lo que necesitamos es un abono instantáneo, ya que necesitamos introducir los cultivos de temporada en pocos días o necesitamos reforzar aquellos que ya están plantados, lo ideal es siempre recurrir a compost maduro, que podemos haber creado con anterioridad mediante el cultivo de estos abonos verdes (ver cultivo de carbono y cultivo de compost).

Otra de las ventajas de los abonos verdes es que ciertas especies utilizadas, son capaces de extraer mediantes sus raíces profundas aquellos nutrientes que se hayan podido lavar con el exceso de agua o que han quedado en capas más profundas debido al laboreo intensivo. Las leguminosas y las ortigas, aportarán nitrógeno a la tierra. La consuelda y la mostaza, por ejemplo, recuperan el potasio.

La suela de labor

La suela de labor es una capa del subsuelo dura e impermeable que dificulta el desarrollo radicular, normalmente producida por el uso de maquinaria pesada y suele aparecer en suelos muy arcillosos. Si nuestro huerto es pequeño, recomendamos siempre que no se utilice maquinaria para mullir la tierra, una horca de doble mango o el cultivo en bancales delimitados para evitar pisarlo es ideal. Y es que pese a sus beneficios en cuanto a la aireación de la tierra, no solo crean la suela de labor sino que multiplicamos los rizomas de aquellas hierbas tan molestas como la grama y la correhuela. De todas formas, aunque no usemos maquinaria. la lluvia, el sol y la propia acción de las plantas en terrenos pobres en microorganismos puede producir apelmazamiento en las capas más profundas. Eso es lo que llamamos suela de labor. Una capa dura que se suele encontrar por debajo de los 30 cm y que impide en ocasiones la entrada del agua (y por tanto, el encharcamiento en zonas bajas que no veremos y puede producir la proliferación de hongos y otras enfermedades) y la aireación de la tierra, matando a todos los microorganismos que la pueblan.

Podemos evitar la creación de esta suela de labor mediante el cultivo de determinados abonos verdes.  La alfalfa, el centeno y otras gramíneas nos ayudarán en esta tarea. La mostaza y la vez cumplen esa misma función.

Atraer a fauna beneficiosa

Otra gran ventaja de estos cultivos es que su floración colorida y llamativa y su alto contenido en polen néctar resulta idónea para atraer insectos auxiliares, aquellos que nos ayudan no solo con la polinización (recordad que hay hortalizas como los calabacines, calabazas, las espinacas y los melones poseen flores macho y hembra y no se autopolinizan), sino a mantener las plagas a raya (Ver favorecer la biodiversidad II).

Algunas ideas de combinaciones de abonos verdes

Si queremos preparar el huerto para su siembra, una asociación de alfalfa y trébol es la más propicia si tenemos tiempo (suelen dejarse en el terreno 1-2 años y se van segando a medida que crecen para aportar biomasa al terreno e ir creando un suelo bien mullido y rico en nutrientes.

Si queremos cubrir la tierra, podemos usar centeno u una combinación de facelia y mostaza a principios de primavera.

Para hacer un aporte de abono, las leguminosas siempre son infalibles. Es imprescindible cortarlas e incorporarlas a la tierra antes de que superen el 20% de floración.

Para atraer auxiliares, el trébol y la alfalfa son un magífico aliado a la hora de llamar a chinches, devoradores de pulgones, psilas, cochinillas… y la mostaza también atrae a los sírfidos, devoradores de larvas de pulgón.

Cómo usar los abonos verdes

Dependiendo de el uso que se le quiera dar (desherbar, atraer auxiliares, mullir la tierra, abonas, proteger el suelo…) usaremos unas especies u otras. Se recomienda usarlas en combinación, normalmente, una gramínea con una leguminosa.

Podemos destinar una parte de nuestro huerto para el cultivo de abonos verdes o podemos aprovechar los momentos posteriores a la recolección de algún cultivo, cuando es demasiado pronto para introducir el siguiente. También podemos usar abono verde entre hileras de cultivos o plantarlo como cobertura bajo aquellos que ya están desarrollados.

La proporción de semilla que utilizaremos será en torno a un 20 o 50% superior al indicado, pues no necesitamos que la planta se desarrolle en su ciclo completo. No nos interesa su fruto o semilla sino su follaje y su raíz. Por ello, lo retiraremos cuando haya desarrollado un 20 o 30% de las flores.

Si lo queremos utilizar como abono, lo cortaremos al ras, dejando la raíz en el suelo que se descomponga (ojo con el trébol y la alfalfa, que son plantas que no mueren al cortarlas y debemos arrancarlas si no queremos que se conviertan en hierbas indeseadas) y las trituraremos para dejarlas en superficie una semana y que comience la descomposición sobre el terreno. Tras dos o tres semanas podemos incorporarlo a la tierra pero con cuidado de no introducirlo más de 20 cm, pues produciríamos un proceso de descomposición anaeróbico que perturbaría las poblaciones de microorganismos que nos beneficiarán cuando plantemos nuestros cultivos. Tras un mes aproximadamente, podremos plantar donde hemos enterrado el abono.

En el resto de los casos, podemos dejar que florezca un poco más, pero nunca dejar que saque semilla si no queremos que proliferen y se descontrolen.

*Toda la información de este taller está sacada de Pascal Aspe, Sembrar abonos verdes, Fertilidad de la tierra Ediciones, Navarra,2013.

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