Compost desde la perspectiva del suelo. Cultivo de compost.

Como ya mencionamos en talleres anteriores, es necesario para poder cultivar nuestros alimentos de manera sostenible poner especial atención al suelo y como solemos decir, hacer cultivo de suelo.

En este medio conviven miles de microorganismos beneficiosos para las plantas que no estarían si no lo cuidamos. De hecho la materia orgánica que conforma el suelo es solo un 1%-8% del total. Y aunque gran parte de ese porcentaje restante está compuesto por elementos inorgánicos una proporción alta consiste en microorganismos. La agricultura industrial se basa en la aplicación de fertilizantes líquidos, principalmente aporta los tres macronutrientes esenciales (N/P/K) producidos de manera sintética. Son fertilizantes que, aun siendo importantes para la planta, no son los únicos necesarios y además, al aportarlos de manera líquida se introducen en la tierra en un momento determinado en grandes cantidades sin dar tiempo a la planta a asimilarlos cuando tenga necesidad de ellos. Son fertilizantes de asimilación rápida y muchos de ellos son “lavados” por la tierra por el exceso de agua que contienen y dependen mucho de la capacidad de retención de nuestro sustrato. En agricultura ecológica, se propone la adición de compost (lombricompost o compost de restos vegetales) ya que este, además de ayudar a mantener y mejorar tanto la estructura de la tierra como el ph necesario para la reproducción vegetal, son abonos de liberación lenta y por tanto, son accesibles a la planta cuando los necesite. Según el momento, la planta absorberá más nitrógeno (para la producción de hojas y tallos), más potasio (para la producción de hojas y frutos, más fósforo (para la producción de raíces) o más de otros nutrientes que trabajan también en la formación y producción de la planta. Para saber más sobre esto ver, abonos y plantas.

Pero en este taller queremos ir un paso más allá y hacer un acercamiento a la producción de compost desde la perspectiva microbiana. Y es que el  humus resultante de la descomposición de la materia orgánica en la pila de compost no es más que microorganismos vivos y muertos(estos últimos son carbono) y material orgánica semidescompuesta. Por  eso cuando queremos comprobar la fertilidad de nuestra tierra, podemos hacer una comprobación rudimentaria con agua oxigenada. Esta nos indicará la cantidad de carbono contenida en el sustrato. (Ver Cómo reconocer nuestra tierra). Cuando introducimos abonos naturales sólidos, no solo estamos introduciendo nutrientes, sino también bacterias, hongos y otros seres microscópicos y, como hemos dicho anteriormente (ver la fertilidad del suelo) todos ellos son fundamentales para mantener un suelo fértil y por tanto unas plantas sanas. Si tenemos en cuenta que cada suelo, cada hábitat y cada estrato contiene una microfauna específica adaptada a cada lugar, es de cajón pensar que el mejor compost que podemos aportar a nuestro terreno es aquel que producimos nosotros con los recursos propios del lugar en el que producimos. Muchos abonos ecológicos provienen de hábitats distintos al nuestro y, aun siendo siempre mejores que los fertilizantes sintéticos, no son los más adaptados ya que en muchas ocasiones son abonos esterilizados, y ahí estamos perdiendo una parte muy valiosa para nuestro huerto. Ni que decir tiene, además,  que la producción de compost propio supone una reducción del coste de producción de nuestro huerto considerable. Además, de esta manera estamos devolviendo a la tierra lo que le hemos quitado y así podemos asegurar la fertilidad a largo plazo de nuestro huerto.

En otros talleres ya hemos mencionado las distintas maneras de producir compost (ver el apartado de suelo en talleres de huerta ecológica) así que no lo mencionaremos esta vez. El cultivo biointensivo, que se ha demostrado eficaz durante las últimas décadas, propone incluso cultivar para compostar directamente. Es muy minucioso en cuanto a las cantidades de los distintos materiales que se agregan a la pila de compost y de esta manera obtiene un compost de mayor calidad. Un ejemplo de cultivos para composta es sembrar trigo, centeno, veza y habas juntas. El trigo y el centeno, tienen sistemas radiculares que ayudan a descompactar el suelo, y a final de su ciclo(cortar cuando hayan alcanzado el 85% de su dorado), aportarán el carbono necesario a la pila de compost. La veza y las habas ayudarán a fijar el nitrógeno en la tierra. Cuando estas plantas hayan madurado( en el caso de la veza y las habas habrá que cortarlas antes de que superen el 30% de floración para asegurar su aporte de nitrógeno), podremos cortarlas a ras de tierra, manteniendo dentro las raíces, que se descompondrán in situ, y llevar la parte aérea a nuestra compostera para iniciar el proceso de transformación en abono. Existen estudios que afirman que un compost hecho de plantas es 4 veces mejor que le que se hace con estiércol, y si se hace de raíces de plantas es incluso mejor.

Cada planta lleva consigo unos microorganismos que actúan en simbiosis, y hemos dicho que a mayor diversidad, más fertilidad. Por tanto, cuanta mayor sea la diversificación de cultivos (y también aquellos que sembremos para compost), mayor será la variedad de microorganismos beneficiosos.

Una receta simple para hacer esta mezcla perfecta consiste en lo siguiente[i]:

(para un bancal de 10m2)

56 gr de trigo

11 gr de centeno

28 gr de veza

17 gr de haba (sembradas a 53 cm de distancia)

Otra posible combinación consiste en avena, trébol y mostaza.

Cómo hacer una buena pila de compost:

No es necesario tener contenedores para nuestra pila, aunque sí ayudan a organizar el espacio y evitan que los materiales se desparramen con el volteado.

Es interesante hacerlo directamente en el suelo, para que los microorganismos que en él viven puedan subir a la pila y ayudar con el proceso, por eso recomendamos que se mulla un poco el suelo allí donde se va a colocar la pila. Pondremos en la primera capa restos de ramas, cañas, y plantas secas con estructuras leñosas (girasoles, amaranto, tallos de habas, restos de plantas arbustivas…). Continuaremos son una capa de materia seca, seguida de una de verde y así sucesivamente. El método biointensivo recomienda intercalar entre verde y seco una capa de tierra del huerto, para que los microorganismos que en ella se contienen se distribuyan por toda la pila. Pero lo más importante es que la proporción carbono-nitrógeno sea la adecuada. Según el método biointensivo sería 1/3 de cada( el otro tercio sería tierra), algunos recomiendan que la proporción C/N 60/40 y en ocasiones 70/30. Lo que sí está claro es que la proporción de C debe ser igual o mayor que de N.

También es recomendable hacer nuestras pilas en otoño o primavera, época en la que existe mayor actividad microbiana debido a las temperaturas suaves. Además, este momento coincide con las épocas de cambio de cultivos en el huerto.

Es muy importante para que la pila alcance la temperatura necesaria, que tenga al menos 1 m3 de tamaño.

El método biointensivo recomienda que nuestra pila de compost esté compuesta por al menos tres materiales distintos con tres texturas diferentes. Así, aseguramos la aireación, la diversidad biológica y la mayor variedad de nutrientes.

Otras formas de obtener abono:

La adición de estiércol a nuestra tierra es una opción posible, pero siempre hemos de esperar a que no esté fresco para poder plantar. Lo idea es dejar que madure en superficie y luego introducirlo a la tierra. Este abono no es de tanta calidad como el compost porque aunque sí  ayuda a mejorar su estructura (debido a la cantidad de paja y residuo seco que tiene) es un abono desequilibrado.

Otras formas de aportar nutrientes a la tierra consiste en la descomposición en superficie. Para ello, pondremos los materiales a compostar sobre la tierra y esperaremos un mínimo de tres semanas para introducirlo en la tierra. El inconveniente de este método es que hemos de esperar al menos tres meses desde la siega para poder plantar en ese terreno, ya que los procesos microbioticos que tienen lugar durante las primeras semanas de descomposición de las plantas podrían dañar las raíces de las plantas.

Existen soluciones aceleradoras de la descomposición, generalmente aquellas ricas en nitrógeno (purín de ortiga, extracto de consuelda…) pero funciona de igual modo y es más sencillo si añadimos las plantas directamente.

 

[i] Proporciones sacadas de Jeavons, John y Coz, Carol, El huerto sustentable, Teen Speed Press.

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